La gran controversia
En materia de inseguridad, se tiran la pelota los unos a los otros.
En materia de inseguridad, se tiran la pelota los unos a los otros. Por el lado de la Policía, cuando se pregunta a qué obedece el crecimiento constante de los delitos, en especial contra la propiedad, y se pone en duda su eficiencia, la respuesta es "pregúntenle a los jueces, a los fiscales, que expliquen por qué están sueltos. Nosotros los detenemos, pero entran por una puerta y salen por la otra". Se quejan también por la reticencia a librar órdenes de allanamientos. "Cuando se deciden a darlas, no encontrás ni lo mal habido ni a los delincuentes", dicen.Desde la vereda opuesta, los funcionarios judiciales critican los procedimientos policiales porque "no se ajustan a derecho" y se pretende "volver a la impunidad". Los de traje y corbata sostienen que hay "bárbaros" de uniforme y los otros hablan de "vagancia" y de "despreocupación" por no arriesgar sueldos y estabilidad. Y hasta se habla de "arreglos" espurios.En el ámbito policial se producen numerosas bajas por la comisión de delitos, en especial coimas, aprietes o tormentos. Con respecto a los magistrados, todo se torna lento por la "elefantiasis" burocrática que evita los juzgamientos a funcionarios sospechados de venalidad, salvo un par de casos puntuales que, por razones quizá políticas han terminado con condenas efectivas a prisión. Intereses de por medio, la única víctima es el ciudadano común, que no encuentra respuesta a sus reclamos.

