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La disputa secreta por un famoso grupo de esculturas cordobesas

Una comisión especial determinará quién fue el verdadero autor de los menhires que llevan 35 años en las calles de Córdoba. Fueron atribuidos a Alberto Barral, pero la familia de Roberto Viola reclama la autoría.

20 de noviembre de 2016 a las 12:01 a. m.
La disputa secreta por un famoso grupo de esculturas cordobesas
Reubicadas. Las esculturas en disputa fueron reinstaladas días atrás en la Ciudad Universitaria. (Antonio Carrizo)

Una puja sobre la autoría intelectual de una conocida obra escultórica cordobesa ha demorado la inauguración oficial de su nuevo emplazamiento, y ha dado pie al temor de que la obra pueda ser reclamada por otra ciudad argentina, donde originalmente se había pensado emplazarla.Se trata de los cinco famosos menhires que durante muchos años estuvieron ubicados frente al actual shopping Patio Olmos. Allí, a lo largo de 30 años, las figuras de piedra presenciaron la transformación del cruce de avenidas más famoso y concurrido de la ciudad de Córdoba.Es imposible que exista un cordobés capitalino que no los haya visto: durante años fueron silenciosos testigos de cada hincha de fútbol, de cada estudiante, de cada turista que pasó por el cruce de San Juan y Vélez Sársfield, frente al shopping Patio Olmos. Discreta inauguración Esos cinco menhires, que habían sido quitados del lugar cuando se construyó el nudo vial, en 2011, acaban de ser reinstalados en uno de los tantos espacios verdes de la Ciudad Universitaria. El intendente, Ramón Mestre, los dejó inaugurados la semana pasada, el día 15. Cualquier curioso que hoy se llegue hasta la formación de granito podrá observar que solamente tiene un cartel que dice: "Homenaje al presidente Hipólito Yrigoyen en el centenario de su primera presidencia". Pero, por más que busque, no encontrará en la obra ninguna referencia a quién es su autor, como se estila en todas las obras artísticas colocadas en lugares públicos.La escultura no tiene referencia a su autor porque desde hace meses que se viene desarrollando una sorda puja que involucra al municipio y a los herederos de un conocido artista cordobés. Los menhires son solamente una pequeña parte de una gran obra escultórica que iba a ser emplazada en la ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos. Hace más de 50 años, la Municipalidad de aquella capital organizó un concurso nacional para realizar un homenaje al presidente Yrigoyen, que fue ganado, por unanimidad, por la propuesta presentada por el pintor y escultor cordobés Roberto Viola, junto a los arquitectos Eduardo Figueroa y Abel Ramírez. El proyecto ganador constaba de una gigantesca cabeza de Yrigoyen, hecha en piedra, hacia la cual caminaban, como en manifestación, otras 100 figuras de piedra que representaban al pueblo argentino. El Gobierno paranaense comenzó a pagar la obra que construirían los cordobeses, y Viola le solicitó a su amigo y pedrero, el español Alberto Barral, que también vivía en Córdoba, que pasara a la piedra sus creaciones, que él se encargaría de hacer primero en un molde de yeso, como es habitual en ese tipo de esculturas. Aquí hay que explicar que muchos escultores no realizan ellos mismos el acabado final de sus obras, sino que desarrollan una idea, la llevan a un molde, generalmente de yeso, y luego es otra persona la encargada de tallarlas en su formato final. El pueblo que no fue Ese procedimiento es el puntapié inicial de la polémica que involucra a los menhires de Córdoba. Pero para entenderla, hay que seguir contando la historia.Los asuntos políticos y económicos de la Argentina no andaban bien en los años '60, y el dinero que el municipio de Paraná debía enviar para tan gigantesca escultura comenzó a ser insuficiente. No se sabe cuántos moldes construyó Viola, pero Barral habría alcanzado a tallar solamente estas cinco figuras que sobreviven.Hay constancia documental de los pagos de Viola a Barral, por su tarea artesanal como pedrero, y también de los pedidos de Viola a las autoridades paranaenses para que le envíen más dinero. En 1966, los tiempos radicales, más propensos al homenaje al caudillo Yrigoyen, concluyeron con el golpe militar que tiró abajo al presidente Arturo Illia.Ese mismo año murió Viola, y al poco tiempo Barral volvió a Sepúlveda, al norte de Madrid, donde murió en 1969.Los cinco menhires quedaron tirados en un terreno baldío al lado de la casa donde había vivido Barral. Allí estuvieron hasta que aproximadamente en 1980, el arquitecto Miguel Ángel Roca, por entonces funcionario de la Municipalidad de Córdoba, fue a ver a su viuda, Consuelo Grumauer, quien le cedió los menhires, no se sabe si a través de una venta o una donación.En 1981, Roca y las autoridades de la ciudad inauguraron la plazoleta Alberto Barral, con las cinco estatuas erectas frente a la entonces escuela Olmos. Ese fue el inicio de una confusión que atribuyó la escultura a Barral, pese a que la idea de la obra, sin discusión, había sido de Viola.Enterados de que la gestión de Ramón Mestre pensaba reinstalar los menhires en la Ciudad Universitaria, el presidente de la Fundación de Arte Maestro Roberto Viola, el abogado Mario Martínez Crespo, y el hijo del escultor, Ariel Viola, comenzaron a reclamar el reconocimiento formal de la autoría de las esculturas."Desde 2006 –dice Martínez Crespo– que venimos peleando con la colaboración de mucha gente para que se reconozca la verdad histórica que no es más que la autoría indiscutida de las obras de Viola, falsamente atribuidas a Barral".La otra obra sobre la que pesa el mismo conflicto es nada menos que el oso polar hoy instalado frente al museo Caraffa, también diseñado por Viola y que habría sido llevado a la piedra por un grupo de pedreros en el que participó Barral. Este oso es una de las figuras escultóricas más famosas que tiene la ciudad, debido a su particular historia.El hijo del escultor, el abogado y psicoanalista Ariel Viola, dice que la historia lo sigue conmocionando. "Humildemente, creo que la memoria de mi padre no necesita de este tipo de discusiones, por su trayectoria y lo que representó para Córdoba y el país. Recuerdo el dolor que sintió mi madre cuando se enteró que habían colocado los menhires frente a la escuela Olmos con el nombre de Barral. Fue a reclamar a la Municipalidad y los militares ni siquiera la escucharon. Entre mi padre y Barral y sus esposas siempre hubo amistad, respeto mutuo; esto no debería haber pasado".Ese conflicto de autoría intelectual de la escultura explica por qué la Municipalidad no pudo colocar el nombre del autor de los menhires. Y no parece que se vaya a resolver en los próximos días.El secretario municipal de Cultura, Francisco Marchiaro, que participó en el intercambio de cartas y opiniones con las familias Viola y Barral, adelantó a este diario que ha decidido que integrará una comisión especial para determinar la autoría de la obra. No de nuevo La Municipalidad, luego de sufrir el proceso que llevó a descubrir la falsa autoría de la estatua de Ana Frank ubicada frente a la plaza España, no quiere arriesgarse a vivir una experiencia similar. "Vamos a analizar todo el material que nos acercó la Fundación, vamos a ver qué dice la familia Barral, buscaremos todo el material que podamos, y luego la Municipalidad determinará la autoría. Se sabe que Viola ganó el concurso de la obra con su proyecto y que Barral la llevó a la piedra. Esperamos tener dictamen dentro de 30 o 60 días", indicó. Dos escultores consultados por este diario y que pidieron que no se publicaran sus nombres, coincidieron en señalar que será clave saber si Viola llegó a hacer los moldes de yeso o no. Se sabe que sí lo hizo, por ejemplo, en el caso del oso polar y en una estatua de Sarmiento que está en la ciudad de Deán Funes, ambas realizadas en piedra por Barral. Si se demuestra que hubo moldes o algún tipo de bocetos, la Fundación Viola ganaría la disputa, porque se acepta que la autoría intelectual de una obra es de quien la piensa y la realiza, así sea bocetada. La Fundación, además, tiene los recibos firmados por Barral por la paga para realizar el pase a piedra de los menhires. En los diversos ámbitos artísticos de Córdoba, cada uno de los protagonistas tiene "hinchada" propia, y dividen preferencias. Otro aspecto que nadie quiere mencionar en voz alta es qué pasaría si el municipio de Paraná decidiera hacer valer sus derechos de propiedad, tantos años después, sobre la escultura. Sería otra disputa tan interesante de analizar como esta que hoy origina la pelea por la autoría intelectual de la obra.

Piedras con una larga historia

Cerca de 1960. El escultor Roberto Viola, junto a dos arquitectos, gana el concurso nacional organizado por la ciudad de Paraná para diseñar un monumento en homenaje a Hipólito Yrigoyen.

1961 a 1963. Viola le hace tres pagos, por un total de 350 mil pesos, a Alberto Barral para que pase a piedra sus maquetas de yeso.

1964. Viola la reclama más dinero al gobierno de Paraná para continuar con la obra.

1966. Muere Viola.

1969. Barral se vuelve a su país, España. Las cinco figuras de piedra terminadas quedan abandonadas en un baldío, al lado de su casa.

1980. El arquitecto Miguel Ángel Roca, funcionario de la Municipalidad, le compra las cinco figuras que estaban terminadas a la viuda de Barral.

1981. Los menhires son colocados frente al actual shopping Patio Olmos, en una plazoleta a la que se bautiza Alberto Barral.

2011. Los menhires son retirados y guardados en depósito, debido a la realización del nudo vial sobre bulevar San Juan. Iban a ser colocados a poca distancia, como parte del proyecto Portal de Güemes, lo que nunca se concretó.

15 de noviembre de 2016. La Municipalidad los emplaza en la Ciudad Universitaria, sin mencionar autoría de las esculturas.