"La cultura pagana tiende a desvalorizar nuestras tradiciones y busca reemplazarlas"
El Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, presidió la celebración del Corpus Christi frente a Plaza de Mayo.
El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, advirtió hoy sobre una "cultura pagana" que "invade", tiende a desvalorizar y busca reemplazar las tradiciones cristianas, al presidir la celebración religiosa del Corpus Christi, ante una multitud de fieles congregados frente a la Plaza de Mayo.
El primado argentino instó también a los católicos a decir "sí a la vida, a la verdad y al bien común", y por el contrario los exhortó a decirle "no" a "las sustancias de la muerte", al aborto, "al palabrerío de los discursos huecos y banales" y a toda forma de exclusión e inequidad.
Asimismo, consideró que la gente no acude siempre a las ceremonias a las que invita la Iglesia porque "la cultura pagana que nos invade tiende a desvalorizar nuestras tradiciones y busca reemplazarlas".Bergoglio afirmó luego que el pueblo "le cree" a quien habla con la verdad y da testimonio de vida, por eso se acerca "con devoción" al Cura Brochero o a Ceferino Namuncurá, porque "obran al estilo de Jesús, con el pan de la mansedumbre y la santidad".
Tras destacar la centralidad del sacramento de la Eucaristía como alimento y signo de vida para los cristianos, llamó a los argentinos a no reemplazar ese "pan" por otro "no verdadero".
"Como pueblo argentino, que sabe lo que es el verdadero pan, le decimos sí al Pan de Vida -Jesucristo- y le decimos que no a las sustancias de la muerte, le decimos sí al Pan de la Verdad, y le decimos que no al palabrerío de los discursos huecos y banales, le decimos sí al Pan del Bien común, y le decimos que no a toda exclusión y a toda inequidad", subrayó.
El purpurado porteño llamó además a estar cerca de la gente que más lo necesita, y abogó por la unidad de las familias y de los argentinos.
La expresión de fe pública comenzó por la mañana con una marcha juvenil por la ciudad que convergió en plaza Miserere, en el barrio de Once, y desde donde siguió en una columna hasta plaza Lorea, frente al Congreso.
Allí, Bergoglio animó a los jóvenes a "no arrugar" ni a tener miedo de dejar huellas en la vida, pero les sugirió tener cuidado con el "demonio" que propone "un camino sin huellas, que nos divide, nos pone chirles, nos pone miedo en el corazón para que no nos juguemos".
"Ustedes quieren como Jesús dejar las huellas de la radicalidad, con toda el alma, con todo el corazón, con toda la vida, o quieren caminar cómodamente toda la vida sobre una cinta transportadora como una especie de desfile de modelos", interpeló a la multitud de jóvenes, que respondió un sí a los gritos.
Bergoglio siguió caminando con ellos hasta la Plaza de Mayo, donde presidió la misa que significó además la clausura del Año Sacerdotal en la arquidiócesis de Buenos Aires.
Al concluir la ceremonia concelebrada por los obispos auxiliares porteños, Bergoglio renovó la consagración de la ciudad y de la arquidiócesis a Nuestra Señora de Luján, para luego encabezar la procesión tradicional con el Santísimo Sacramento alrededor de la Plaza de Mayo.
La custodia que guarda la hostia consagrada fue llevada por un grupo de sacerdotes, seguida por la Archicofradía del Santísimo Sacramento, los abanderados de los colegios católicos, los seminaristas porteños, los jóvenes y el resto de la feligresía presente. Entre ellos, estuvo el director general de Cultos porteño, Federico Suárez, en representación de Mauricio Macri.
La pública expresión de fe, que este año llevó por lema la frase evangélica "Tomen, esto es mi Cuerpo", culminó con la multitud entonando el Himno Nacional Argentino y Bergoglio impartiendo la bendición eucarística.

