Humo americano
Mientras Uruguay llevó adelante la decisión de legalizar la producción y el consumo de la planta, en numerosos países del continente se discute su nuevo estatus. ¿Pasará a ser una droga de consumo legal, como el alcohol y el tabaco?
Es muy probable que la guerra internacional contra las drogas que Estados Unidos promovió en todo el planeta durante la última etapa del siglo 20 no llegue a cumplir siquiera el medio siglo de existencia.Fue en 1971 cuando se comenzó a usar por primera vez la expresión "guerra contra las drogas": el 17 de junio de ese año, el entonces presidente Richard Nixon la pronunció en su mensaje al Congreso y le presentó a los ciudadanos de su país un nuevo demonio contra el cual luchar, al que pintó casi tan peligroso como la contemporánea amenaza comunista.Les dijo que las drogas eran el enemigo número uno. Anunció graves castigos a todos los que estuvieran involucrados en la producción, en la distribución y en el consumo, y un plan para combatirlas fronteras afuera del territorio estadounidense.Tanta importancia dio Estados Unidos al tema, que las drogas llegaron a ser un componente clave y principal en sus relaciones con numerosos países. Dos años después de declarar la guerra, Nixon creó un ejército especializado: la DEA.Países latinoamericanos productores de drogas, como Bolivia, Perú y Colombia, llegaron a convertirse en obsesiones de la guerra estadounidense contra las drogas. En 1989, usando el argumento antidrogas, Estados Unidos invadió Panamá y capturó al dictador Manuel NoriegaRonald Reagan fue el segundo abanderado del país norteño. En 1982 calificó a las drogas como la gran amenaza a la seguridad nacional.Fue un fracasoLa cruzada antidrogas tuvo un paréntesis, aunque apenas discursivo, durante las presidencias del demócrata Bill Clinton. Su zar antidrogas, Barry McCaffrey, sostuvo: "Si uno quiere pelear una guerra contra las drogas, siéntese en su cocina y hable con sus hijos".En un artículo publicado hace pocas semanas por la revista The New Yorker, el exsecretario de Estado de Reagan, George Shultz, admitió el fracaso de la guerra contra las drogas y sostuvo que el dinero gastado en combatirlas en todo el mundo habría estado mejor usado en tratamientos de salud y reducción de daños. También admitió que el combate antidrogas estadounidense favoreció la expansión de la violencia de las agrupaciones narcotraficantes a otros países, como sucedió en México y Honduras.Las presidencias de Barack Obama coincidieron con la época en que el discurso y la actitud beligerante contra las drogas chocaron con sus resultados desastrosos: no disminuyó el consumo, creció la producción y se multiplicó la violencia en los países donde los carteles siguen fuera del alcance de gobiernos y fuerzas de seguridad. Además, se produjo un avance en los discursos despenalizadores de las drogas recreativas, fundamentalmente con la planta de marihuana.En este momento, Estados Unidos tiene más de una quincena de estados que permiten, con variantes, el uso medicinal de la marihuana, fundamentalmente con fines paliativos. Nueva York fue el último en sumarse, el mes pasado. Y, en una situación que hubiera sido pensada como imposible unas pocas administraciones presidenciales atrás, dos estados, Colorado y Washington, permitieron el uso de la marihuana con fines recreativos.La liberación de la venta de marihuana en Colorado en el primer mes de este año superó todas las expectativas de ventas. En estos momentos, es un boom económico que no sólo abarca a las pequeñas empresas que por ahora se encargan de la venta, sino que también está produciendo una revalorización inmobiliaria en las propiedades que tienen características favorables para la producción de la planta.La revista Slate publicó a fines de enero un artículo en el que comenta la aparición de agentes inmobiliarios marihuana-friendly, que se encargan de conseguir inmuebles para quienes quieren dedicarse a producir marihuana.La banca de la cannabisLa cumbre de este cambio de perspectiva arribó en una entrevista que el presidente Obama dio a The New Yorker hace pocos días, en la que declaró que la marihuana no es más dañina que el alcohol. Contó que fumó marihuana cuando era un muchacho y que todavía ve su consumo como algo negativo, pero agregó que la marihuana es menos peligrosa que el alcohol "en términos de su impacto en el consumidor individual".Obama tiene en estudio nuevas regulaciones para que los bancos puedan comenzar a hacer negocios con los distribuidores legales de marihuana. Esto lo afirmó su secretario de Justicia, Eric Holder, quien señaló que existe la necesidad de autorizar a las empresas que comercializan marihuana a ingresar al sistema bancario para que no estén acumulando efectivo.
Luego de semejante cambio en la nación que durante más de cuatro décadas intentó convencer al mundo de que las drogas eran armas cargadas por el Diablo, se conoció una declaración del presidente de Colombia Juan Manuel Santos: “¿Cómo le voy a decir a un agricultor que puede ir a la cárcel por cultivar marihuana si en algunos estados de EE.UU. es legal fumarla?”.
La pregunta del mandatario colombiano llega de la mano de la actividad que vienen llevando adelante en los últimos años varios expresidentes latinoamericanos, embanderados con la causa de la despenalización del consumo y la producción de drogas. El brasileño Fernando Henrique Cardoso, el chileno Ricardo Lagos, el mejicano Ernesto Zedillo y el colombiano César Gaviria son algunos de los miembros de un grupo no gubernamental llamado Comisión Global sobre Política de Drogas, que presiona a favor de enterrar la época de la guerra contra las drogas.
El año pasado, este grupo sumó una importante victoria cuando la Organización de Estados Americanos (OEA) incluyó la despenalización de las drogas como una de las opciones con que se cuenta para reducir los índices de narcotráfico y violencia en América latina. Fue la primera vez que el organismo mencionó como estrategia potable a la despenalización.
En la reciente reunión del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, el presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, fue uno de los mandatarios que participó en una reunión realizada para promover una nueva política de regulación de narcóticos, a partir de los cambios producidos en Estados Unidos y otros países del continente americano.
Por supuesto, la experiencia más osada en el tema le corresponde a Uruguay. El pequeño país sudamericano hizo lo que nunca antes otro país: legalizó toda la cadena de producción, comercialización y consumo
de drogas a partir de este año, con intervención directa del Estado. El presidente José Mujica sostuvo que “la vía represiva contra el tráfico de drogas está perdida a nivel mundial”. Dijo que espera disminuir la influencia de la delincuencia organizada, quitándole el negocio a los narcotraficantes, y mejorar la calidad de la planta, beneficiando a pacientes y consumidores.
Hoy, cada uruguayo puede cultivar hasta seis plantas de marihuana y poseer hasta 480 gramos para uso personal; podrá comprar hasta 48 gramos por mes en farmacias. También podrán integrar clubes para cultivar hasta 99 plantas.
Una experiencia como la uruguaya no dejó indiferente a país alguno. Sus vecinos Argentina y Brasil, que comenzarán a ver cómo se multiplican las excursiones de consumidores al país vecino, ya viven la contradicción de estar enviando a la cárcel y gastando millones en operativos policiales e investigaciones judiciales por una conducta que es legal y favorecida por el Estado del otro lado de la frontera.Cambio argentino
Argentina ha tenido sus idas y vueltas en el tema, con cambios legales y diferentes actitudes en el Poder Judicial en estas tres décadas de democracia. La última novedad se produjo hace pocos días, cuando se confirmó que este mes la presidenta Cristina Fernández recibirá el anteproyecto del nuevo Código Penal, que incluye la completa despenalización del consumo de drogas.
El trabajo, realizado por reconocidos juristas como Ricardo Gil Lavedra y el vocal de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni, deja en claro que en Argentina no se penará más la tenencia de drogas para consumo personal y que se volverá a respetar el espíritu del artículo 19 de la Constitución Argentina, que establece que las acciones privadas de los hombres no deben ser motivo de intervención de la Justicia cuando no perjudican a otras personas ni ofenden el orden público.
Esa modificación dejará fuera de cuadro a provincias como Córdoba, que recientemente crearon un fuero específico en la Justicia ordinaria para combatir la circulación de drogas en pequeña escala, y que dedica importantes recursos policiales a la persecución de pequeños poseedores y cultivadores de plantas de marihuana.
Como se puede apreciar en el gráfico que acompaña esta nota, prácticamente no hay país americano donde no se esté discutiendo un cambio en la política hacia el consumo y tenencia de drogas. La realidad ha convertido en obsoletas a muchas leyes paridas al calor represivo de la guerra contra los narcóticos.
La discusión sobre la marihuana tiene más importancia si se considera que América es el principal foco productor de la planta. Paraguay encabeza la lista, con sus enormes cultivos en la zona fronteriza con Brasil, principal proveedora de la marihuana que se consume en ciudades como Córdoba y Buenos Aires. Pero también son grandes productores países como Estados Unidos y Canadá, gracias a las nuevas técnicas indoor (puertas adentro) desarrolladas en los últimos años.
El regreso de la cannabis sativa no sólo se refiere a su uso como droga recreativa y complemento medicinal sino que también es noticia en los suplementos agropecuarios. La Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Buenos Aires tramita la importación de semillas de cáñamo industrial desde Canadá, sin componente activo, para tratar de adaptarlo a la región.
La planta es una gran productora de biomasa y sirve para producir fibras textiles usadas en aceites comestibles, medicinas, cosméticos y para la fabricación de biocombustibles y bioplásticos de la industria automotriz.

