Temas del día:

Historias de quienes volvieron a empezar tras el aluvión de las Sierras

La Provincia construyó 156 viviendas que entregó a quienes las perdieron, pero además aportó kits de materiales a otras 50 familias, que por su cuenta avanzaron en las obras sobre terrenos aportados por los municipios. A dos años del aluvión, Sierras Chicas quiere “desinundarse”

15 de febrero de 2017 a las 12:01 a. m.
Historias de quienes volvieron a empezar tras el aluvión de las Sierras
Reconstruir. Liliana Roca en la casa que aún levanta con su familia, en Río Ceballos, para mudarse. (La Voz)

La vida de muchas de las familias que sufrieron directamente la inundación se modificó de manera irremediable.

En Mendiolaza, Gabriela Roncoroni no termina de elaborar el duelo por la pérdida de su casa paterna, que habitaba junto a su padre y a tres hijos, desde hacía casi 20 años. Estaba junto al río, en el límite con Unquillo.

Hoy Gabriela vive en una de las ocho casas que entregó la Provincia en barrio El Talar, de Mendiolaza, pero su padre decidió no acompañarla por las condiciones de la vivienda y uno de sus hijos emprendió camino por otro rumbo. Con tristeza y desgano, Roncoroni –que es empleada municipal– describe su realidad: “Con ilusión recibimos esta casa en mayo del año pasado y, a menos de un año, ya aparece humedad en paredes, la pintura se descascara, la grifería del baño pierde agua, los desniveles del terreno terminan llenando de barro las escaleras y la entrada. No pretendíamos volver a lo que teníamos y perdimos, una casa de 225 metros cubiertos, pero esto no es justo, merecemos poder vivir con dignidad”, cuestiona.

En Río Ceballos, Liliana Roca encara el trance con mejor ánimo. Aún espera terminar su nueva casa y se arremanga cada día para cargar baldes, ladrillos y hierro; y se convierte en ayudante de los albañiles para terminar la construcción.

La Provincia construyó 156 viviendas que entregó a quienes las perdieron, pero además aportó kits de materiales a otras 50 familias, que por su cuenta avanzaron en las obras sobre terrenos aportados por los municipios.

Liliana está en esa tarea ahora. “Yo vivía en un barrio que había elegido, al lado del río, era muy feliz en ese lugar que había soñado y en donde había puesto todo mi esfuerzo. Hoy me toca venir a la otra punta del pueblo y empezar de nuevo. Es un golpe psicológico fuerte que no termino de asimilar, pero la vida sigue y debemos rehacernos”, manifiesta la mujer, quien se empeña en montar su telar, traer a sus perros y recuperar su trabajo independiente.