"Hacer trabajo solidario es una obligación ciudadana"
Es voluntaria desde hace 11 años y una de las coordinadoras en Córdoba de la Asociación Civil de Padrinos de Alumnos y Escuelas Rurales Apaer.
Como muchos, su espíritu solidario se manifestó desde temprano, con acciones esporádicas. Pero su chispa se convirtió en llama después de escuchar a una compañera de trabajo que la convenció enseguida sobre la posibilidad de ser madrina de una escuela rural. "Cuando comencé en Apaer (Asociación Civil de Padrinos de Alumnos y Escuelas Rurales) trabajaba como administrativa en una clínica y fue una de mis compañeras, que ya era madrina, la que me convenció. A partir de ahí, empecé a hacer trabajo solidario en forma más organizada, dedicándole unas 10 horas semanales", relata Ana Hauf, una de las coordinadoras en Córdoba de la organización.Después se jubiló y con más de tiempo libre comenzó a ser madrina de la escuela Juana Manuela Gorriti, de la comuna El Barrial en el departamento de Cruz del Eje. "Lo que más me reconfortó fueron las visitas a la escuela. El recibimiento y el cariño que te dan los chicos, te esperan, te escriben cartas y hasta ponen en los pizarrones: 'bienvenida madrina'. Si bien ya no estoy más allí, aún soy la madrina de la Escuela Doctor Ernesto Molinari Romero de El Barrialito y en la Mariano Moreno de Los Sauces. Pero ahora también apadrino la Escuela de Río Negro, Juana Azurduy de Padilla N° 205", cuenta Hauf. El objetivo principal de Apaer es que los alumnos de las escuelas primarias públicas del interior del país puedan terminar el ciclo primario, a la vez que los capacita para una futura salida laboral que les permita desarrollarse en su zona y así evitar el desarraigo. "Usamos el sistema de padrinazgos y colaboramos con el maestro en su tarea, realizamos convenios con otras entidades sin buscar rédito político, económico, religioso o racial", agrega Ana. Recompensas íntimas. Entre las gratificaciones personales que tuvo en estos años de trabajo confiesa que atesora no sólo en una caja, sino en su corazón, las cartitas escritas por los chicos. "Me reconforta leerlas y releerlas", confiesa. Ana no olvida el papel del Estado como garante de la igualdad en el acceso a la educación. "El Estado debe garantizar la inclusión social de los alumnos de las escuelas rurales, hay chicos que no tienen ni siquiera útiles. No tienen ni para comprarse un lápiz o un cuaderno. Como el Estado a veces no está, somos los padrinos y las madrinas las que tenemos que ayudar a suplir esas necesidades", señala. Para ella, hacer tareas solidarias le trajo otra mirada de las cosas. "Te involucra con situaciones que se viven en el país, y eso te cambia la vida".Ana confiesa que su familia está encantada con su trabajo. Vive en Buenos Aires pero viaja periódicamente con su marido para visitar las escuelas."Mi familia me ayuda bastante. Mi marido me ayuda a conseguir padrinos y hace todo el trabajo de relaciones públicas cuando viajamos a Córdoba. Antes lo hacíamos en auto y ahora lo hacemos en micro. Él habla con la gente, le cuenta de mi tarea y les ofrece ser padrinos", dice. Ana tiene dos hijos y tres nietos. "Mi hija Mónica, actualmente también es madrina de otra escuela de Río Negro y mi hijo hizo la experiencia con una escuela de Córdoba, pero ya dejó", cuenta. "Hay que visitar los lugares rurales y ver cómo vive la gente allí. Para mí, hacer trabajo solidario es una obligación ciudadana y moral. Todos tendríamos que hacer un poquito y hay mucha gente que lo hace. Me genera alegría, emoción y gratitud lo que hago porque veo todo lo que se brinda a mi alrededor", finaliza.

