Gesell, un caso que nos interpela como sociedad
Todos contribuimos a construir el modo en que nos relacionamos como sociedad. Y hoy ese modo está definido por la violencia. Para evitar la violencia, la clave está en la infancia
El asesinato de Fernando Sosa Báez sucedió el sábado 18 de enero a la salida de un boliche en Villa Gesell, a 1.100 kilómetros de Córdoba capital. Pero podría haber ocurrido mucho tiempo antes y a la vuelta de cualquier esquina de cualquier ciudad de la Argentina. Que un crimen de estas características, a manos de un grupo de jóvenes exaltados, fuera de control y envalentonados por un mandato social que valora de un modo distorsionado la masculinidad no haya sucedido antes, ha sido una cuestión de mera suerte.
La muerte de Fernando nos interpela a todos y a cada uno. Seamos rugbiers o no; tengamos 18, 20, 40 o 90 años, seamos hombres o mujeres; vivamos en Zárate, en Córdoba o en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es verdad: las responsabilidades no son iguales para todos. Pero todos contribuimos de alguna u otra manera a construir el modo en que nos relacionamos como sociedad. Y hoy esa forma de vernos y vincularnos está atravesada por la violencia.
De todo esto les proponemos leer en nuestro Primer plano de hoy. Con las miradas de profesionales en sociología, educación y psicología social, que analizan cómo desde pequeños nos moldeamos en una lógica egoísta, en la que el otro muchas veces no sólo es un distinto, sino también un enemigo; en la que los golpes siempre suenan más fuertes que las palabras; en la que ser “macho” es más importante que ser solidario.
En esta edición también escriben especialistas que desmenuzan en detalle la noción de grupo, un concepto que en lugar de remitir a compañerismo, esfuerzo compartido, ayuda mutua, valores humanos, en realidad hoy está más asociado a la imagen de una manada salvaje que avanza sobre el resto, cueste lo que cueste, caiga quien caiga, dando y dando.
La muerte de Fernando no puede ser en vano. Tiene que obligarnos a pensar en la sociedad en la que vivimos y en la que queremos que vivan nuestros hijos.
Si un hecho trágico como el que abrió un debate profundo no logra que nos miremos al espejo y nos hagamos esas preguntas de manera sincera, muchos otros Fernando seguirán muriendo sin ningún sentido.

