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Estefanía conmovió al personal del Urgencias

Un paramédico relató en una carta cómo la llegada de la joven afectada por la caída de una pared modificó la rutina de profesionales acostumbrados a situaciones difíciles.

21 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Estefanía conmovió al personal del Urgencias

"Algo extraño sucede en el hospital". Así comienza la conmovedora carta de Jorge Rumi, paramédico del 107, en la que lo "extraño" es cómo conmovió la rutina diaria del Urgencias el caso de Estefanía Puechagut. Se trata de la joven que se debate entre la vida y la muerte luego de que el martes fuera alcanzada por una lluvia de ladrillos que cayó del 10º piso de un edificio que levanta la empresa Tesón en Pueyrredón y Vélez Sársfield.

"Nos conmueve mucho el dolor ajeno, nos angustian las consecuencias y sufrimos con los jóvenes mutilados, los adultos lesionados y los familiares desgarrados en su dolor... Pero -se detiene en Estefanía-, desde el martes al mediodía algo cambió en los pasillos del hospital... Una joven llena de vida se veía sacudida por la mampostería de un edificio que cayó sobre su cuerpo. ¿Destino? ¿Fatalidad? ¿Accidente? Será difícil responderlo. Lo que no es difícil, es sentir lo que sus seres queridos estarán sintiendo. No dejarán de preguntar, mirando al cielo, ¿por qué? A esa pregunta no la podremos responder nosotros".

"Seguimos trabajando con el mismo espíritu de siempre, haciendo a veces hasta lo imposible para conseguir nuestro objetivo, retenerla aquí, mejorarla y devolverla. Solo que esta vez se respira un aire diferente, hay dolores que calan el alma, inentendibles, que parten el cuerpo. Se estudia su condición neurológica, cuando hasta hace unos días caminaba con sus libros a la facultad, tras su desafío... las ciencias químicas".

"¿Cómo explicarle a ese puñado de jóvenes que hacen \'el aguante\' hace varios días, sobre su daño cerebral? -se pregunta-¿Quién puede encontrar las palabras que realmente consuelen a ese papá, a sus tíos y a todos sus amigos y compañeros? A quién le importa ese informe técnico de la obra o las cinco operaciones que soportó su corazón, si lo único que quieren es volverla a ver caminando hacia la ‘facu’, los apuntes en la mano, sonriente y con sus cabellos al viento, disfrutando de las tantas oportunidades que la vida le ofreció. Hoy, atada a un respirador, con un coma profundo que tal vez no le permita volver a abrir los ojos y decirle \'te quiero\' a alguien".

Al terminar, Rumi deja por un momento la medicina de lado y se deja tentar por la esperanza: "Si sirve de consuelo, creo que Estefanía está en el mejor lugar donde la puedan tratar, en las mejores manos y en el único territorio, donde con una sospechosa frecuencia, se suceden los milagros".