Envejecer con un protagonismo social activo
El adulto mayor debe ser percibido como un sujeto con potencialidades, habilidades y capacidades que le son propias, y que puede desarrollar como un “ser siendo” a lo largo de su trayectoria vital.
Reflexionar sobre la soledad y sobre los adultos mayores implica involucrarnos en una realidad compleja y multidimensional, que comprende la historicidad del sujeto y el contexto social en el cual fue escribiendo su historia, en su relación consigo mismo y con el otro.A modo de definir la soledad, es oportuno aclarar que no es lo mismo "estar solo" que "sentirse solo". Los seres humanos necesitamos un tiempo para estar con nosotros mismos, a fin de recrearnos y de resignificar lo vivido. Este espacio conquistado no es un riesgo para sí; expresa solamente la falta de compañía.En cambio, "sentirse solo "(aun en compañía) genera una vivencia de "vacío", de insatisfacción, de incompletitud y de carencia afectiva. Produce malestar emocional e impacta en la autoestima, en la relación con los otros y en el sentido de la vida de quien envejece.El adulto mayor debe ser percibido como un sujeto con potencialidades, habilidades y capacidades que le son propias, y que puede desarrollar como un "ser siendo" a lo largo de su trayectoria vital.Esto implica construir un proyecto de vida que le garantice seguir vinculado a su entorno inmediato y a la sociedad, como protagonista activo; en espacios de participación social (socioeducativos, culturales, recreativos; centros de jubilados; actividades de voluntariado) que le generen gratificación, lo validen y le otorguen sentido a su existencia.Estos espacios son productores de sentido y de encuentro, facilitan el intercambio y promueven el desarrollo personal.La red de contención y de apoyo en esta etapa es vital para el adulto mayor. Lo aleja del aislamiento social y de la enfermedad.
* Psicóloga y magíster en Gerontología

