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"En psicología, hay mucha ciencia que no llega a la terapia"

Entrevista a Marcos Cupani, sicólogo. El investigador entiende que muchos estudios mueren en la publicación y no se aplican a pacientes. Desarrolla un test para medir el conocimiento de los estudiantes.

10 de septiembre de 2011 a las 12:01 a. m.
"En psicología, hay mucha ciencia que no llega a la terapia"

La psicología en Argentina está muy asociada al psicoanálisis y a la terapia. Son pocos los psicólogos que realicen investigaciones empíricas. Marcos Cupani (35), investigador asistente del Conicet y responsable del Laboratorio de Psicología de la Personalidad de la Universidad Nacional de Córdoba, es uno de los pocos representantes de esta raza de psicólogos. Su lugar de trabajo refleja el estado del arte de la psicología experimental en Córdoba. El laboratorio se está armando de a poco. Cupani dice que ahora hay más recursos, pero que necesita más, tanto económicos como humanos. Es el único investigador del Conicet del laboratorio. El resto son egresados o estudiantes de Psicología que trabajan por vocación. –¿Por qué Córdoba no tiene tantos psicólogos que experimenten? –La carrera de psicología tiene una tendencia a la clínica o laboralista. No se maneja la variable de ser investigador. Es difícil conseguir gente con ganas de investigar. En otros países conviven ambas. Es cierto que hay más dinero. Cuando la psicología llegó al país vino muy arraigada al psicoanálisis y a la terapia. En la actualidad, la formación es muy terapéutica, psicoanalítica. –¿Se pueden hacer estudios experimentales desde el psicoanálisis? –Cuando hacemos una investigación, trabajamos con teorías y medimos variables que fueron definidas teóricamente. En el psicoanálisis hay categorías como inconsciente que son difíciles de registrar y medir. Cuesta poner a prueba de qué manera el inconsciente puede haber generado un cambio en la persona. El método de trabajo del psicoanálisis es caso por caso. –¿Qué investiga? –Estoy construyendo un test de conocimiento general para utilizarlo en estudiantes universitarios. El objetivo es tener una línea de base del conocimiento con que ingresa la población universitaria y luego evaluar variables como rasgos de la personalidad, inteligencia, intereses, creencia sobre sus capacidades y ver como este nivel de conocimiento y estas variables pueden predecir el rendimiento académico. –¿Cómo se construye un test de conocimiento? –Ahora estoy hablando con docentes universitarios, redactando las preguntas y probándolo con expertos. Las preguntas son de arte, física, estadística, psicología e historia, entre otros temas. Utilizo un modelo teórico que distingue 20 dominios de conocimientos. Son todas preguntas múltiple opción con cinco opciones, una es correcta. El objetivo es hacer 50 preguntas por dominio. –¿Para qué servirá hacer ese test? –Es interesante poder hacer mediciones con una misma vara. Permitirá tener control y comparar lo que ocurre en el tiempo y observar si algún cambio influye en el rendimiento, por ejemplo, una crisis económica o un cambio educativo. Pero el trabajo lleva tiempo. Recién en cinco años voy a estar en condiciones de poder corroborar o no mis hipótesis. –¿Cuáles son las variables demostradas que mejoran el rendimiento académico? –La inteligencia. Por un lado la inteligencia fluida, la capacidad de resolver problemas, y también la inteligencia entendida como la capacidad para adquirir conocimientos. Luego hay variables como la motivación y el interés. Las personas responsables también tienen mejor rendimiento. –La frase "El genio se compone del dos por ciento de talento y 98 por ciento de perseverancia", ¿se corro­bora? –Sí. Hay un estudio con violinistas categorizados en profesores, muy buenos y brillantes. Se calculó la cantidad de horas durante las que ellos practicaban por fuera de la institución musical. El nivel de horas de dedicación era más alto en las personas brillantes. Algunos autores sostienen que se puede resolver un problema en un momento particular, pero para obtener una maestría en algo por lo menos tiene que haber 10 años de trabajo. Y ahí ya entran variables que no tienen que ver con la capacidad y sí con la motivación y la perseverancia. –¿Cuánto de estos estudios empíricos se trasladan a la terapia y a la clínica? –Es muy difícil. En psicología hay mucha ciencia que no llega a la terapia. Es ciencia muerta. Se desperdicia mucha información útil. –¿Pero estos test que desarrolla podrían servirle a un terapeuta? –Sí. Algunos trabajos anteriores sobre orientación vocacional en los que colaboré se utilizaron para desarrollar un programa informático, llamado Sovi, que se utiliza en todo el país.