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“En el boxeo y en el gremio aprendí a pelear sin bajar la guardia”

Eduardo Nievas fue titular de Alecyt y pugilista en la época del mítico Córdoba Sport. De ambas actividades reconoce la necesidad de mantenerse en pie.

24 de julio de 2012 a las 12:01 a. m.
“En el boxeo y en el gremio aprendí a pelear sin bajar la guardia”
Eduardo Nievas. En la obra de Don Bosco, donde cinco gremios hicieron viviendas para familias de trabajadores (Sergio Cejas/LaVoz).

Cuando escuchó a Osvaldo Caffarelli describir la marcha de Paul Fuyí hacia su rincón, al término del noveno asalto, muy contrariado y con los ojos tumefactos por los latigazos de "el Intocable", tuvo la sensación de que ese 12 de diciembre de 1968, en Tokio, Nicolino Loche estaba a punto de concluir la obra pugilística mejor lograda sobre un ring por un argentino. El presagio se consumó un minuto después cuando Ernesto Cherquis Bialo informó, a los gritos, por Radio Rivadavia, que el japonés había decidido quedarse sentado en el banquito y ceder por abandono el cinturón mundial de los welter junior al chaplinesco mendocino.Dos días después vio la pelea, en blanco y negro, en el televisor que se había instalado en el hall central de la estación del Ferrocarril Mitre. No pudo evitar las lágrimas cuando vio al pupilo de Francisco "Paco" Bermúdez recibir un baño de aplausos cuando era paseado en andas por el Kuramae Sumo. "Trabajaba como estafetero en la terminal de trenes y estaba con mis compañeros esperando el Rayo de Sol que venía desde Buenos Aires para descargar y clasificar la correspondencia", recuerda Eduardo Nievas (72).El triunfo lo puso doblemente contento porque había aportado su granito de arena en la preparación física de Loche para ese combate crucial."Meses antes de la pelea, Nicolino había venido con otros dos boxeadores, (Carlos) Cañete y (Ramón Edelmo) Pereyra, un muchacho de Río Cuarto, a prepararse en La Falda. Me pidieron que lo acompañara porque se sabía que Nico era mañero para el gimnasio y le gustaban todas", señala con picardía."Nos alojamos en el Hotel Punilla y trabajamos en el Club La Falda con la supervisión médica del doctor Montoya, un enamorado del boxeo y los autos", precisa. "Salíamos a caminar y correr entre ocho y 10 kilómetros por día y cada dos por tres Nicolino te sorprendía con alguna engañifa", comenta. A las piñas. Nievas practicó boxeo desde los 14 años. Como amateur, disputó 70 peleas, con un récord de 66 triunfos, dos empates y dos derrotas. En el campo rentado, animó sólo dos combates y colgó los guantes. "Me apasionaba el boxeo pero no tenía el tiempo ni la disciplina que se necesitan para competir como profesional", asume. El relator y periodista deportivo Rubén "Chino" Torri tuvo mucho que ver en el despertar de su pasión pugilística. "Cuando había festivales en el Córdoba Sport (el legendario templo del boxeo cordobés, en Alvear casi esquina Olmos, frente a la Sinagoga), él me agarraba de la mano y me hacía entrar como si fuera el hijo", apunta y agradece. "Con el tiempo nos hicimos muy amigos", asegura, mientras saca una foto del álbum en la que se lo ve flanqueado por el conductor de Ovación Deportiva (radio Impacto, lunes a viernes, de 8.30 a 10.30) y Jaime "El Gallego" Ginés, mítico liviano cordobés y uno de sus ídolos en la disciplina.Como sucede en la mayoría de los casos de boxeadores, la infancia y adolescencia de Nievas estuvieron jalonadas por la carencia y la desventura.A los 10 años, perdió a su padre y tuvo que salir a trabajar para ayudarle a su mamá a "parar la olla" y criar a sus dos hermanitos menores. "Mi viejo trabajó muchos años en la administración del ex Matadero Municipal y lo echaron porque no se quiso afiliar al peronismo; era muy radical", aclara."Cayó en una depresión profunda, se abandonó y al poco tiempo murió", evoca.Nievas se ocupó un par de años como changarín en el mercado de Abasto, donde le pagaban 3,5 pesos por día y le daban la verdura y un poco de carne.María Lidia, su mamá, remitió una carta a la Fundación Eva Perón describiendo su situación familiar (sin trabajo y con tres criaturas, una de ellas, con discapacidad intelectual) y consiguió que le enviaran "una cocina a querosén Volcán, varios colchones y una heladera a hielo", repasa. También, un cargo de portera en la Escuela Ricardo Güiraldes, de barrio Yapeyú. "Ahí empezamos a enderezarnos un poco", señala.A los 13 años, un vecino de barrio San Martín (donde vivió hasta los 20) que lo veía pasar corriendo todas las mañanas rumbo al Mercado de Abasto (cuando funcionaba en la Bajada Alvear y la costanera del río Suquía) le ofreció entrar como mensajero al Correo Argentino. "Se llamaba Roberto Sarachaga. Era jefe de los telegrafistas y cuando me hizo la propuesta pensé que soñaba", asegura.A los 28 años, los compañeros de la Oficina de Expedición lo eligieron delegado. "No quería saber nada porque pensaba que los dirigentes gremiales eran vagos y buscaban esos cargos para no trabajar. Estaba equivocado", reconoce.En 1970 integró la comisión directiva de la Asociación Libre de Empleados de Correos y Telecomunicaciones (Alecyt) como secretario gremial. Luego alcanzó la secretaría general de la entidad y la detentó durante décadas. Hoy se desempeña como secretario de vivienda. –¿Qué es lo mejor que le dejaron el boxeo y la actividad gremial? –En el box y en el gremio aprendí a pelear sin bajar la guardia, porque si no la vida te gana por knock out .

Diputado obrero

En 1998, José Manuel de la Sota sumó a Eduardo Nievas a la lista de candidatos de Unión por Córdoba a diputados provinciales. El dirigente gremial logró una banca, que renovó en 2004 para un nuevo período. Luego ocupó la Secretaría Técnica Parlamentaria cuando la Legislatura se transformó en unicameral.