El vía crucis cotidiano de los cordobeses
El lunes publicamos un relevamiento propio que daba cuenta de las largas esperas que los usuarios padecen en días normales. Así, le poníamos cifras y evidencias a esa percepción que, por más agobiante que fuere, suele ser difícil de medir. Cómo podés acortar las esperas en las paradas de ómnibus.
La decisión de producir y publicar informes relacionados con los servicios públicos en la ciudad de Córdoba provoca siempre el mismo debate en la Redacción: ¿cómo decir algo nuevo que los sufridos habitantes de la capital provincial ya no sepan, o intuyan, o se imaginen? ¿Qué novedad puede tener para ellos que el alumbrado o el estado de las calles no es lo que medianamente esperan? Ni hablar si ese servicio público es el transporte urbano, vital para la vida cotidiana de cientos de miles de personas.El lunes publicamos un relevamiento propio que daba cuenta de las largas esperas que los usuarios padecen en días normales.Así, le poníamos cifras y evidencias a esa percepción que, por más agobiante que fuere, suele ser difícil de medir. Además, esos datos, por más escandalosos que parezcan –como el del caso en que hubo una demora de hasta 51 minutos en una de las líneas–, no cuentan por sí solos el drama del empleado de comercio o del docente que no puede programar su tarea diaria con regularidad. Que no sabe si levantarse más temprano, si llegará a tiempo al trabajo o a la escuela, o a qué hora estará de vuelta en su hogar. Hay que reconocer que, si bien el sistema mejoró un poco respecto de años anteriores, a veces los beneficios no llegan al ritmo que los usuarios necesitan.Lo mismo pasa cuando los choferes plantean medidas de fuerza intempestivas que ni siquiera dan tiempo a la gente para organizarse. La prueba está en las páginas 20 y 21 de esta edición, donde se describe cómo casi todos los cordobeses sufren, de modo directo o indirecto, los paros de transporte urbano.Las tres cuartas partes de los habitantes de la Capital utilizan el sistema, y está claro que la ciudad se paraliza cuando los coches dejan de salir a la calle, por el motivo que sea.También es elocuente que los vecinos están cansados de sufrir las consecuencias, o bien de un servicio deficitario, o bien del capricho de una parte de los choferes que los dejan a pie, como ocurrió durante varios días a principios de mayo. Para colmo, asoma en el horizonte la posibilidad de un nuevo aumento del boleto –ver página 8–, como si no fuera suficiente con lo anterior. Un verdadero desafío a la paciencia popular.

