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El problema tiene nombre: inflación

Análisis de Laura González sobre el crecimiento de la pobreza en Córdoba.

30 de julio de 2012 a las 12:14 a. m.
El problema tiene nombre: inflación

El Gobierno nacional creó la asignación universal por hijo, en diciembre de 2008, que otorga 220 pesos por hijo en edad escolar a trabajadores informales, servicio doméstico y desocupados. Supongamos que esa familia hubiese destinado un subsidio íntegro a comprar alimentos: le alcanzaban en 2008 para comprar 37 kilos de pan, 33 kilos de carne molida, 38 de pollo, 76 litros de leche y 42 paquetes de yerba (ver La pobreza en Córdoba afecta al 23,1%).

Hoy, pese a que en septiembre de 2010 se elevó el subsidio a 270 pesos, la misma ayuda alcanza para comprar 28 kilos de pan, 10,4 de molida, 23,5 kilos de pollo, 58 litros de leche y apenas 14,4 kilos de yerba. Son todos alimentos básicos. No hace falta mucho discutir sobre estadística: por efecto de la inflación, esos hogares pueden comprar la mitad, un tercio o la cuarta parte de lo que compraban antes. Se agregan además situaciones que condicionan el acceso pleno a los alimentos. Una es la precariedad del empleo: trabajos esporádicos que no garantizan un ingreso aceptable, o trabajos extenuantes muy mal pagados.

Mamás con muchos hijos a cargo sin nadie a quien delegar algunas horas su cuidado para generar ingresos, hijos que no terminan siquiera el secundario y que repetirán ese círculo de pobreza, porque seguirán teniendo trabajos mal pagados como sus padres, si es que los tienen.

La transferencia de recursos directos a las familias será siempre insuficiente para paliar la pobreza cuando la inflación supera el 20 por ciento anual.