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"El fútbol tiene que volver a ser un juego"

Basilio Guerrero es actual secretario general de la Liga Cordobesa de Fútbol y lleva cinco décadas como dirigente. Reconoce que ya nadie se divierte en la cancha.

26 de julio de 2011 a las 12:01 a. m.
"El fútbol tiene que volver a ser un juego"

¿Es posible enamorarse hasta la médula a los cuatro años y vivir para siempre esa pasión entrañable con la misma intensidad? Dice que sí sin titubear y la afirmación impacta con la fuerza de una sentencia inapelable. Relata su experiencia para validar la certeza y no deja dudas de que es así, nomás. Tenía esa edad cuando lo atravesó un haz encantador en un claro del monte santiagueño. La revelación se le incrustó en el pecho y le señaló la huella por la que debía avanzar si quería conocer la plenitud.Aceptó sin chistar el designio y comprobó, al final, que aquella insinuación de rumbo era correcta.Pozo Hondo se llamaba el paraje polvoriento y olvidado donde los jornaleros que trabajaban para su padre, un productor cuentapropista de leña y carbón, habían limpiado una parte del campo a fuerza de músculo, hacha y machete. Sacaron, de raíz, árboles "machos" y arbustos achaparrados. En el baldío hicieron una cancha de fútbol para jugar un rato después de la faena diaria y antes de que la noche los condenara a la oscuridad absoluta hasta el amanecer siguiente."A pesar de que era un niño, me daba cuenta de que algo tan simple como patear una pelota de cuero, que para entonces ya no tenía tientos, los hacía feliz. Llegaban muertos de cansancio al campamento, casi sin aliento, pero ni bien empezaba el partido recuperaban el ánimo y se divertían como locos", cuenta Basilio Guerrero.Basilio nació el 14 de junio de 1936 en Punta del Monte, un caserío de mala muerte del departamento Río Seco, en el árido y hasta hace poco tiempo, espeso norte cordobés. Recién había aprendido a caminar cuando sus padres recogieron los pocos bártulos que tenían, levantaron a sus siete hijos y se mudaron a pagos "shalacos" en busca de mejor suerte."Los socios de mi papá solían llevarme El Gráfico ; sabían que me gustaba mucho ver en la revista las fotos de los jugadores famosos y las tribunas de los grandes estadios porteños llenas de gente. Me pasaba horas hojeándola y soñando...", recuerda en un tono de voz que mixtura felicidad y nostalgia. Amor a primera vista. La vocación que se insinuó con tibieza en la infancia se manifestó como un estallido de vehemencia en la adolescencia. "Mi padre entró a trabajar en la Policía como cocinero de caballería y nos vinimos a vivir a Córdoba. Alquiló una casa en barrio San Fernando, cerca de Las Flores. Por eso siempre digo que prácticamente vi nacer al club de mis amores, que en aquella época jugaba en la tercera ascenso", comparte con emoción. Dice que en esa institución del sur de la ciudad aprendió los primeros 'palotes' como dirigente de fútbol. "Había que subir el agua en tachos hasta el tanque para que los muchachos pudieran bañarse después de los partidos y hacíamos matinés con el fin de juntar unos pesos para comprar lo que nos hacía falta y darles algo de comer a los jugadores", recuerda.Después de fundar, en 1956, el Club Libertad, en barrio Comercial (donde vive en la actualidad), volvió a su primer amor. En 1961, Las Flores lo designó delegado suplente, primero, y luego titular ante la Liga Cordobesa de Fútbol.Acaba de cumplir las Bodas de Oro como dirigente de la institución rectora del balompié vernáculo. Desde 1971 hasta la actualidad, Guerrero se ha desempeñado como secretario general de la LCF, aún durante la intervención que dispuso el gobierno de facto, a fines de los '70, luego de la reacción contraria de la dirigencia cordobesa a la resolución 1309.Para Guerrero, esa disposición de la AFA (promulgada el 15 de agosto de 1979) para incorporar a Talleres al fútbol metropolitano, significó "el inicio de una sangría casi mortal" para el fútbol de esta parte del país. –¿Por qué dice que la 1.309 impactó de manera negativa en la Liga Cordobesa? –Si bien era cierto que a Talleres no podíamos contenerlo más porque había ganado lo que se había propuesto, la forma en que lo hizo impactó muy mal en lo deportivo y en lo económico a la competencia local. Desde entonces, las tribunas se fueron despoblando y los clubes que se marcharon también terminaron sufriendo la medida. Creo que las consecuencias están a la vista de todos. –¿Cómo analiza al fútbol local en la actualidad? –Se está recuperando de a poco. Emeterio Farías (actual presidente de la LCF) está haciendo una gestión excelente y el Gobierno provincial viene colaborando muchísimo desde hace una década, más o menos, para mejorar las canchas y las instalaciones de los clubes. –¿Qué falta para que se consolidé la recuperación? –Que se recupere lo lúdico del fútbol. Que vuelva a ser un juego y que los jugadores lo disfruten. Ya no quedan casi jugadores que se rían dentro de una cancha mientras disputan un partido. Eso significan que no gozan con la pelota. Eso me da pena. –¿También se da esa situación en las divisiones inferiores? –Diría que tanto o más que en el fútbol profesional. Basta con presenciar un partido de inferiores para ver el nivel de presión insoportable que los padres y las madres ejercen sobre sus hijos. Hemos llegado al colmo de pedir presencia policial para que se jueguen partidos de las divisiones inferiores. ¡Es una locura!