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El estrés cuando salimos de vacaciones

A Laura, los preparativos de su viaje a Europa le significaron un importante desgaste psicológico. Juan Carlos Carranza.

17 de enero de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El estrés cuando salimos de vacaciones

Quienes piensan que las vacaciones son el remedio contra el estrés, un cable a tierra después de un año de mucho trabajo, se equivocan. Los preparativos para un viaje, sobre todo, generan una alta carga de ansiedad y tienen sus serias complicaciones. Si el viaje es en automóvil, una vez emprendido el recorrido, un mar de dudas nos asalta. Hasta los hombres y mujeres más precavidos suelen tener grandes olvidos. Un cepillo de dientes puede no ser un problema, pero: ¿metí el bolso con las tarjetas de crédito y la plata? ¿Cerré con llave la casa? ¿Dejé puesta la alarma? ¿Cerré las ventanas? ¿La luz del baño quedó encendida? ¿Tendría que haber cerrado las llaves del gas?Para los pasajeros de avión, camino al aeropuerto, sobrevienen los peores pensamientos: ¿traje los documentos y el pasaporte? ¿Dónde puse el pasaje? ¿Lo traje?Otra cuestión tiene que ver con la seguridad de nuestro hogar en nuestra ausencia. La Policía recomienda ser discretos. Según este consejo, no hay que andar gritando a los cuatro vientos que nos vamos de vacaciones, para no tentar a la delincuencia. Ahora, cómo mantener esa discreción si tenemos que guardar cuatro bolsos, la conservadora y las sillas plegables en el baúl del auto. La solución que aporta Cacho Yerom, consultor en seguridad de esta columna, sería ir cargando un bolso por día. "No queda otra –sentencia Yerom–, no podemos hacer evidente que nos vamos de viaje". ¿Y la cartera? En cuanto al estrés previo a un viaje y sus consecuencias, Yerom cuenta la historia de una joven allegada, a quien le asignaremos un nombre de fantasía: "Laura". Su viaje a Europa le implicó antes resolver innumerables tareas y, en consecuencia, mucho desgaste psicológico. Una de ellas era llevar el Fiat 147 a la casa de su padre, para que éste lo llevara al mecánico. Antes, "Laura" abrió el capó, agregó agua al radiador y partió. Cuando llegó a destino, comprobó que no tenía su cartera. Trató de recordar dónde la había dejado y, presa del pánico, imaginó que la había olvidado sobre el techo del vehículo mientras le cargaba agua al motor. "Laura" hizo varias veces el recorrido de su casa a la de su padre, preguntó a vecinos pero nadie la había visto. Si bien la cartera tenía dinero y algunos efectos de valor, nada le impidió a "Laura" finalmente partir hacia Europa, cargada con ese estrés previo y con su cartera "perdida". Ya en el Viejo Continente, "Laura" recibió un e-mail de su padre: "Lau: con motivo de algunas tareas de mantenimiento necesarias que se le realizan al Fiat, lo llevé al electricista. Entremezclada con el motor, carburador, distribuidor, depósito de aguas y demás partes componentes del núcleo central de la mecánica automotriz, limpia de grasa y hollín, indemne al calor y ácidos corrosivos, fue rescatada tu cartera con los documentos y todo el dinero".