El drama de no encajar en la vida social
Personas que están convencidas de ser un famoso o un personaje de cine, gente completamente sana que no es capaz de bajar una escalera, tipos que no pueden dejar de tocarse una parte del cuerpo. Cada día, los neurólogos buscan soluciones a casos extraños que complican la vida en sociedad.
Cuando la mamá de Marito salió del supermercado y vio el revuelo que había en la calle, pensó en su hijo. Lo había dejado esperando en el auto mientras ella hacía las compras. En la calle había tres patrulleros. Como si fuese una película, los policías comenzaron a perseguir a una persona que se movía hábilmente, cubriéndose tras las columnas y deslizándose por encima de los capots de los autos sin perder la posición de sus brazos, como si portara un arma. Tras intensos minutos, el delincuente gritó “alto, no disparen” y salió de atrás de una 4x4: era Marito.
“Por favor, no disparen, soy Adrián Suar… el de Poliladron”, explicó ante los policías, que desconcertados veían a un adolescente que se comportaba como un agente en misión secreta y que esperaba que revisen su placa y su arma, ambas producto de su imaginación. Sólo después de que la mamá les explicó que Marito estaba en un tratamiento neurológico, los policías lo dejaron ir con la condición de que luego presentara un certificado.
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