El Alberto Fernández que se quedó sin trabajo y vende alfajores en una esquina de Villa María
Comparte nombre con el presidente, pero no la misma suerte. Se quedó sin trabajo como chofer de taxi durante la pandemia y salió a vender a la calle para sobrevivir.
Quienes han parado alguna vez a comprar en la esquina de Belgrano y San Luis, en Villa María, dicen que sus alfajores son muy ricos y totalmente recomendables. Quien los vende, es un hombre de 45 años que, casualmente, comparte nombre con el presidente de la Nación. Se llama Sergio Alberto Fernández y es uno de los tantos que se quedó sin trabajo durante la pandemia. Ahora vende alfajores de maicena junto a su esposa para sobrevivir.
Sergio era chofer de taxi. Cuando se impusieron restricciones a la circulación y la mayoría de las actividades cerraron, él se quedó sin trabajo. Llevó currículums a varios lugares, pero no tuvo suerte. No había lugar par resignarse. Con esposa, dos hijos en edad escolar y un alquiler que pagar, había que hacer algo para seguir adelante.
Una de sus experiencias previas había sido elaborar y vender alfajores de maicena. Con eso pagaba la cooperadora escolar. Entonces surgió la idea de probar con lo mismo para obtener recursos.

Comenzaron de a poco y hoy llevan más de un año en la misma esquina. Son parte del paisaje de Villa María en esa zona céntrica, por donde pasa mucha gente que baja del puente Alberdi, desde Villa Nueva.
Allí se los ve, mañana y tarde, con sus cajas de alfajores y un cartel que indica los precios por docena y por seis unidades, las dos presentaciones que ofrecen.
Sergio Alberto Fernández contó que en un buen día llegan a vender unas 30 docenas. Pero si “está flojo”, que solamente llegan a vender entre 15 y 20, se turna con su esposa.
Ella se queda en la esquina, para atender a sus clientes habituales, y él sale “puerta por puerta” ofreciendo sus elaboraciones.
La consigna es no bajar los brazos. Todos los días sale a trabajar, sabiendo lo dura que a veces es la calle cuando el clima castiga. Su expectativa es conseguir un trabajo formal, pero mientras tanto, “voy tirando con esto”, dice.

“Ya tenemos muchos clientes que nos conocen y saben que estamos acá”, dice. El boca a boca ayuda con las recomendaciones para que nuevos clientes se acerquen a probarlos.
Sergio explica que hay dos clases de alfajores: los que tienen masa con margarina, que se hacen con tapas que compran al por mayor, y los de manteca, que son de elaboración propia “y más ricos”, asegura. Pero esos tienen otro precio, sin dudas.

