Un sueño envuelto en la celeste y blanca
Ni la algarabía de los chicos, ni las estridencias de los altavoces, ni el grito al unísono de "Viva la patria" alteraron el sueño de Santino.
Ni la algarabía de los chicos, ni las estridencias de los altavoces, ni el grito al unísono de "Viva la patria" alteraron el sueño de Santino.
El millar de personas que colmó ayer el patio central de la Ciudad de las Artes no pudo despertar a Santino Manchini Berra, el más pequeño de los asistentes al acto del Bicentenario. El bebé, de apenas 50 días, durmió plácidamente en su cochecito durante la hora que duró el acto (el primero en su vida, según sus padres), abrigado con una bandera argentina y una gorra tejida con lana celeste.
"Aquí están nuestros hijos que son los hijos de la paz y la esperanza, quienes llevarán la memoria histórica del pueblo por la huella de nuestros mayores, para construir la identidad argentina", proclamó una emocionada maestra de ceremonia. Santino no se dio por aludido. Bostezó, apretó sus puñitos y siguió con su reposo inalterable.

