Llevó una década poder levantar las malas notas
Vale la pena, entonces, que existan mecanismos para justificar la inversión en la educación pública. Juan Carlos carranza.
Allá por el año 2000, andaban Pedro Saracho Cornet y José María Willington (ya fallecido) angustiados por la espada en el cuello que la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau) le había puesto a la carrera de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Los entonces decano y vicedecano, respectivamente, de la centenaria carrera de la Facultad de Ciencias Médicas decían sin ningún empacho (aunque con cierta dramatización) que, como estaban las cosas, no recomendaban dejarse atender por un médico egresado de la UNC.Faltó muy poco para que el órgano evaluador nacional quitara validez oficial a los títulos otorgados por Ciencias Médicas. Estaba claro que ninguna ecuación académica podía ser viable con aulas con dos mil estudiantes, por citar un aspecto detectado por la Coneau. Las autoridades de la facultad decían que era posible que un estudiante se graduara sin haber auscultado nunca a un paciente en un hospital.La Coneau hizo 17 observaciones a la carrera de Medicina de la UNC; entre ellas, la pésima relación docente-alumno, la paupérrima cantidad de cargos docentes concursados, los escasos proyectos de investigación y un plan de estudios agotado.El cupo nació como una necesidad y tuvo una dura oposición por parte de los padres de los aspirantes a ingresar en la carrera, quienes recurrieron a la Justicia Federal con recursos de amparo que nunca prosperaron.Después de haber visto todo el derrotero de la facultad hasta lograr la máxima acreditación, quienes participaron en este proceso admiten que aprendieron sobre la marcha a mejorar la gestión institucional, cuando nadie se preguntaba ni siquiera de qué se trataba todo eso. Interés público. La vigente Ley de Educación Superior establece que hay ciertas carreras que son de "interés público", porque sus egresados están involucrados en situaciones en las que está en juego la vida de las personas. Por eso, Medicina y las ingenierías, por citar algunas, deben atravesar un proceso de evaluación y acreditación para garantizar estándares de calidad. Ahora, el criterio es más amplio y muchas más carreras se someten a estas evaluaciones periódicas, dejando atrás un concepto arcaico de autonomía de las universidades: yo puedo controlarme solo.Qué mejor para la salud de las instituciones universitarias que una mirada externa les muestre sus fortalezas y debilidades. Si le quitamos el componente de sospecha que hay sobre la existencia de presiones políticas para aprobar carreras de determinadas casas de estudios, nadie que sienta que está haciendo las cosas bien se podría negar a que lo evalúen.Las universidades públicas se sostienen gracias al aporte de todos los contribuyentes, de los cuales un porcentaje importante no tiene posibilidad de que sus hijos accedan a la educación superior. Vale la pena, entonces, que existan mecanismos para justificar esa inversión.

