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De a poco, arranca la educación sexual

A 4 años de la sanción de la ley, hubo algunos avances. Pero todavía falta mucho, y es difícil evaluar la situación.

15 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Mariana Otero y Romina Martoglio
De a poco, arranca la educación sexual

De a poco, la educación sexual se está colando en las escuelas. Con temores, con miedos, con tabúes, con capacitación a medias, con idas y venidas y con la obligatoriedad de impartirla en niños de todas las edades de colegios públicos y privados, el tema está haciendo pie en gran parte de las instituciones de Córdoba.

La Ley de Educación Sexual Integral N#176; 26.150, que en octubre cumple cuatro años, no ha logrado hasta ahora universalizarse (plazo fijado en el artículo 10). Hay avances, aunque es muy difícil cuantificar y evaluar su cumplimiento.

Un recorrido realizado por este diario por diversas instituciones de la ciudad de Córdoba revela que cada una la implementa como quiere y puede. En realidad, ése es el espíritu de la norma nacional: desde la aprobación de los lineamientos curriculares básicos, los colegios tienen libertad de acción.

El Ministerio de Educación de la Provincia asegura que la ley tuvo una buena recepción en las escuelas, "aunque con muchas dudas y temores". La percepción tiene su correlato en las aulas. Docentes y directores piensan que los chicos necesitan educación sexual con urgencia, ya que manejan "escasa" información, que proviene de la televisión o Internet. Pero no todos se sienten cómodos a la hora de hablar de estos temas.

Los cuadernillos elaborados por la Nación sirven de guía. Educación informó que no llegaron a la provincia; sin embargo, ya hay escuelas que los tienen. "Es un buen material, elaborado con mucho respeto y seriedad científica", opinaron. Las autoridades de los colegios García Faure, de Alta Córdoba, y La Aldea de Piaget, de barrio Ayacucho, lo calificaron como "muy bueno".

"La educación sexual está un poco verde. No es algo fácil, y más aún sin capacitación. En este sentido, algunos docentes se animan y otros no", dice Ada Giménez, directora de la escuela provincial Bernardo de Monteagudo, de Los Plátanos.

Las autoridades reconocen que no todos los maestros están capacitados, pero -aseguran- "hay deseos" de formación.

Viviana Fonsati, directora del Ipem 196 Alicia Moreau de Justo, de barrio Los Gigantes, recalca que los docentes están solos. "Esto avanza de acuerdo con la voluntad de cada profesor en cada área de trabajo. Tenemos mucho temor a equivocarnos", asegura.

Romper viejos esquemas. A pesar de la insistencia de no limitar la educación sexual a la genitalidad, varios docentes admitieron que el único espacio posible es la clase de Biología, a la hora de estudiar el aparato reproductor y los cuidados del cuerpo. En este sentido, el Ministerio considera que correrse del paradigma biologicista, que reedita las clases de higiene y puericultura, es lo más complicado. En este punto, dice, las escuelas necesitan tiempo.

"Trabajamos con los contenidos de las diferentes materias, pero algunos docentes están bien preparados y otros no. Necesitamos mucha capacitación, sobre todo desde el Gobierno", subraya Gerardo Ramírez, director del primario del Colegio San Agustín, de barrio Colón.

Desde la Junta de Educación Católica creen que los maestros deben reconciliarse con su sexualidad, "para no hablar desde su experiencia". "Hay que trabajar en equipos donde aprenden unos de otros. Los docentes están abiertos", dice Claudia de Césaris, vicepresidenta de la institución que agrupa a los católicos.

Los padres, en tanto, mantienen un comportamiento dispar. No hablan de sexualidad porque "no tienen herramientas" o por la falta de diálogo con sus hijos, pero -a la vez- les genera inquietud lo que les enseñarán en las escuelas. En algo coincide la mayoría: la educación sexual es imprescindible.

"Los chicos están desinformados porque sólo tienen ideas de cosas que son mitos en relación con la sexualidad o les importa el qué dirán. Hablan poco y nada de estos temas en la casa. Lo que se habla es de urgencia, de lo que pueden resolver ahora, y muchas veces llegan tarde", asegura Fonsati. Y agrega: "Hay padres que piden que les digamos a sus hijos que las relaciones sexuales son peligrosas, que no deben tener relaciones sexuales (...) La escuela pública no le puede decir a un niño lo que está bien o lo que está mal. No se trata de eso".

En el instituto evangélico William Morris, de barrio Alberdi, se trabaja en talleres para los alumnos. "De los padres, no podemos esperar nada porque no vienen cuando los llamamos; no contestan las entrevistas que mandamos", dice la directora Patricia Amaya. El año pasado, la institución organizó un encuentro para padres. La participación fue lamentable: cuatro de 500 padres.

Desde la Iglesia Católica, consideran que hay que refundar la alianza escuela-familia. "Trabajar con los padres tiene más incidencia que hacerlo con los chicos", opina De Césaris.

En la escuela Monteagudo, muchos padres consideran "tabú" la educación sexual y no aceptan que el tema se toque en la escuela. "Dicen que no nos corresponde a nosotros hablarles de sexo a sus hijos y que eso se debe aprender en el secundario", sostiene Jiménez. Y sigue: "No quieren que hablemos, pero muchas chicas terminan embarazándose en el secundario, lo que indica que tenemos que hacer algo (...) Los chicos saben mucho más que nosotros; tienen calle, ven mucha tele, pero no diferencian lo que está bien de lo que está mal".