Cuando las culpas ajenas se pagan como propias
Los mensajes al interior de la escuela no pueden ser confusos.
Ocurrió en 2006, cuando se destapó la olla del accionar fraudulento de un grupo numeroso aunque nunca determinado de maestros que compraban puntaje docente de manera ilegal para ascender rápidamente en la lista de orden de mérito.
En un principio, las denuncias involucraban al centro de capacitación Profesor Díaz, de Río Primero. Una enorme red de complicidades permitía a algunos docentes acumular más de tres mil puntos en un año. La estafa era de tal magnitud que algunos cursos otorgaban 120 puntos en una tarde, sin estudiar. La capacitación se comercializaba igual que un kilo de lechuga.
El escándalo llenó de sospechas a funcionarios que autorizaban capacitaciones inexistentes, a dueños de institutos de formación docente y, claro, a los profesores... La intervención de la Justicia desnudó la trampa y obligó a transparentar el sistema.
El fraude asestó un golpe a la credibilidad de los maestros, pese a que los involucrados (aunque eran muchos) terminaban siendo un puñado en el conjunto.
La preocupación era tal que el entonces gobernador José Manuel de la Sota exhortaba casi a diario, y por la prensa, a no desconfiar de todos. Había que "cuidar el prestigio docente", decía.
Hoy, la Justicia vuelve a poner en evidencia una estafa nacida en las aulas. Una maniobra fraudulenta individual en la lucha por el poder, por un mejor salario y posición social.
Es cierto que éste es un caso en solitario o, al menos, es el que sale a la luz pública. Pero no es el único, admiten en el Departamento de Asuntos Legales del Ministerio de Educación, que por estos días tramita sumarios similares.
La docente va a ser sancionada y el castigo, coinciden sus colegas, tiene que ser ejemplar porque los mensajes de los adultos al interior de la escuela no pueden ser confusos. Cuando la moral que se enseña no se practica, se cava la fosa al prestigio de la mayoría. En la escuela, las culpas ajenas suelen pagarse como propias.

