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Actores de la patria

Uno se pregunta si los actos escolares tienen algún sentido, al menos cuando se los plantea en su forma más tradicional. Edgardo Litvinoff.

04 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
Actores de la patria

La pequeña Susi comenzó a prepararse para el acto del 9 de Julio tres semanas antes del evento. Cuando estaba en su casa, solía repetir su parte del libreto para memorizarla. Palabras más, palabras menos, sonaba como "Querida Patria mía / en mi pecho yo te siento / mas si Febo hoy no asoma / hasta el alma me congelo". O algo por el estilo.

Dos semanas antes de la actuación, empezó a obsesionarse por el traje de paisanita que debía vestir ese día. Lo quería así, asá, con volados, de color celeste, con flores, con pañuelo blanco, con zapatitos al tono y dos trencitas bien firmes.

Una semana antes, se largó a llorar porque no entendía que al traje había que alquilarlo la jornada anterior al acto. Lo quería ya.

Dos días antes, se había olvidado de que el viernes tenía un acto.

El día del acto, toda la familia se levantó temprano. Casi llegan tarde porque la niña no estaba conforme con las trenzas y hubo que rehacerlas varias veces.

Ya en el salón de actos, el turno de Susi llegó hora y media después de comenzar el evento, tras la participación de todos los grados anteriores y cuando ya nadie tenía ganas de seguir aplaudiendo ni formas de acomodar los glúteos en las sillas.

Ya había pasado el nene que se equivocaba y todos se ríen, el otro que olvidaba su parte, el baile gracioso entre la alta y el petisito, la parte en la que se corta la música, otra en la que los padres aplauden al ritmo del tema musical más pegadizo, etcétera.

Hasta que... ¡por fin le tocó a Susi! El papá vio que la niña entraba al escenario y corrió a acomodarse, mientras prendía la cámara de fotos. La pequeña paisanita dijo tan rápido su frase, y de espaldas al público, que el obturador se abrió cuando ella ya enfilaba nuevamente para la parte de atrás.

Uno se pregunta si los actos escolares tienen algún sentido, al menos cuando se los plantea en su forma más tradicional. ¿Qué contenido, qué experiencia enriquecedora puede aportar una actuación que sólo genera nervios infantiles, ansiedad y preocupación por la ropa que se usará para la ocasión?

Debemos suponer que el proceso de aprendizaje durante esas semanas incluyó algo útil para motivar una reflexión crítica sobre quiénes somos, a partir de nuestra historia.

No tenía pinta, pero ojalá.

Por las dudas, para el acto del 17 de Agosto me llevo un almohadoncito.