Deposiciones energéticas
Ingenieros acaban de presentar un automóvil que funciona con excrementos humanos, aprovechando el gas metano que despide esta sustancia. Edgardo Litvinoff.
Ingenieros de la firma británica GENeco acaban de presentar un automóvil que funciona con excrementos humanos, aprovechando el gas metano que despide esta sustancia.
El llamado Bioescarabajo alcanza velocidades similares a las de cualquier vehículo urbano y sus fabricantes recontrajuran que no emite ningún olor.
Surgen algunas dudas, por cierto. Por ejemplo, ¿cómo será el asiento del Bioescarabajo? ¿Tendrá forma de inodoro? ¿Se tocará la bocina tirando de una cadena? Si nos olvidamos de cargar combustible, ¿podremos acudir a la reserva propia? ¿Cómo la almacenaríamos? ¿Entrarán los pañales enteros? En vez de asaltar camiones de YPF, ¿los piratas del asfalto robarán camiones atmosféricos?
En rigor, el biogás se produciría con desechos de las plantas de tratamiento de líquidos cloacales, por lo que no será necesario andar con la pelela o el papagayo en el baúl.
Un auto semejante sería una solución extraordinaria para dos problemas crecientes: el agotamiento de los recursos renovables y el tratamiento de los residuos cloacales.
Con un plus extraordinario: de producirse en Córdoba, el combustible no sólo saldrá de las plantas generadoras, sino que brotará de cientos de esquinas. Es más: en determinados sectores de la ciudad, bastaría con recoger el carburante en bidones, directamente del Suquía.
Ni hablar de las acciones de ciertos conocidos personajes, cuyos resultados servirían para llenar varias estaciones de servicio.
Inteligencia. Todo parece indicar que los temas ambientales ocuparán en los próximos años un lugar central en la agenda de las preocupaciones públicas.
Y, a este ritmo, habrá cada vez más aristas para inquietarse.
Hace pocos días, el científico Stephen Hawking auguró "grandes problemas para la raza humana".
El autor de La historia del tiempo dijo que "será difícil evitar el desastre en nuestro planeta en los próximos 100 años", e imagina el futuro de los seres humanos en el espacio exterior, donde cree que deberíamos esparcirnos.
Hawking y otros cosmólogos imaginan también que hay vida inteligente en otros planetas. Vaya uno a saber: ya es difícil encontrarla en la Tierra, como para andar preocupándose por lo que pasa tan lejos.

