Daniel Loyber, médico: Somos el fusible que detona en las protestas
Hace 36 años que trabaja como profesional clínico en el hospital José María Urrutia, de Unquillo. Cuenta cómo es un día laboral y su relación con los pacientes.
Hace 34 años que Daniel Loyber (59), se desempeña como profesional clínico en el hospital José María Urrutia, de Unquillo. Egresado de la UNC, inició su profesión en Villa Dolores, hasta que llegó al dispensario de Villa Gobernador Pizarro, un barrio marginal de Unquillo, y se arraigó al lugar. En esta ciudad formó su familia junto a su mujer y cuatro hijos, construyó su casa y se desempeña como profesional de la medicina, además de tener activa participación política e institucional, ocupando diversas funciones en distintas administraciones municipales. Conoce las urgencias y necesidades de la comunidad de la región como pocos. "Hace muchos años que la atención es precaria. Aunque tratamos de revertir la situación, siempre nos encontramos con dificultades externas que nos impiden desarrollar correctamente nuestra tarea: falta de equipamiento, personal e insumos, fueron concretos y constantes.", expresa Loyber. En su tarea diaria Loyber describe algunos de los equipos que se necesitarían, y explica también la falta de recursos humanos, más los problemas de atención y mantenimiento desde hace muchos años en lo que se proyectó alguna vez como un ambicioso hospital regional. La falta de un espacio físico y horarios controlables derivaron en una situación de falta de atención regular de la asistencia sanitaria en toda la región de Sierras Chicas.
Carencia
“La gente sufre mucho la falta de asistencia y depende de las atenciones de turno, que nunca obedecen a las necesidades de la población. La atención de la salud pública nunca alcanza a compensar la demanda creciente de la zona. Ni hablar de las especialidades”.
Para ejemplo, en el nuevo hospital de Unquillo, aún en obras, Loyber no tiene un consultorio o una oficina particular, mientras decenas de pacientes esperan turnos de atención.
A esta demanda se sumó la expectativa de que alguna vez el hospital de Unquillo se convirtiera en una referencia regional, y que nunca se llegó a satisfacer.
Además del reclamo particular por la falta de renovación del contrato para un diabetólogo y dos empleados del área de mantenimiento en la semana, la medida de reclamo de estos días tuvo que ver con la falta de equipamientos y material para la atención primaria de salud, entre otros aspectos de funcionamiento institucional.
De hecho, aún restan obras de finalización de oficinas y consultorios en uno de los aleros del nuevo edificio.
Escudos humanos
“Ya hace muchos años que se ha vuelto intratable la atención a los pacientes, y nos reclamaban a los médicos y enfermeras como si fuéramos los culpables, cuando las decisiones integrales se toman en otros ámbitos. La Provincia se ausentó del compromiso con la salud y los médicos y enfermeras terminamos siendo el fusible que detona en todas las protestas, y eso es injusto”, refirió Loyber.
Una válvula
En su entorno, Daniel Loyber, procura distraerse de su actividad habitual con sesiones semanales en un gimnasio y cultivando plantas en su jardín.
“La presión diaria del trabajo nos obliga a distraernos y para eso yo intento el contacto con la naturaleza. Eso es muy bueno, pero nunca es suficiente porque nos atamos a esas historias de vecinos con los que terminamos entablando relaciones entrañables. En eso seguimos siendo pueblo”, dice Loyber.
Esto le impide alejarse totalmente de los problemas de sus pacientes, incluso en sus francos o fuera del horario de trabajo. Son sus vecinos cercanos.
Satisfacción
“Ser médico en una institución pública en estos tiempos parece raro, pero genera una satisfacción similar a la de los maestros; es un orgullo incomparable”, remata Loyber, y entonces cambia de cara.
Lo dice a pesar de renegar a diario con una realidad hostil y con la situación de los pacientes que le reclaman respuestas como si fuera un oráculo.
Su historia es una más entre las de miles de médicos que cada día ponen su voluntad y una entrega extraordinaria para que los cordobeses cuiden lo más preciado que tienen: su salud.
Mucha demanda
“La gente sufre mucho la falta de asistencia y depende de las atenciones de turno, que nunca obedecen a las necesidades de la población. La atención de la salud pública nunca alcanza a compensar la demanda creciente de la zona.
Ni hablar de las especialidades”, dice Daniel Loyber.
*Corresponsalía

