Córdoba, una ciudad sin reacción
Tener miedo a ser asesinado es casi una extravagancia estadística en una ciudad donde es cien veces más probable morir durante una tormenta o un accidente de tránsito. Sergio Carreras.
Los muertos del lunes se llamaron Noelia García, una joven de 22 años embarazada de siete meses, y Agustín de Cabrera, un muchacho de 20 que acababa de terminar el secundario acelerado. Antes fue Estefanía Puechagut, una estudiante de 24 aplastada por los escombros de un edificio en el barrio Nueva Córdoba en agosto último. Antes también fue Agustina Franco, la niña arrastrada por la corriente del río Suquía en febrero del año pasado. Antes había sido Juan Aciar, un chico de 13 que murió al tocar un canasto de la basura electrificado, a fines de 2009. Frente a este panorama de muertes evitables, en zonas urbanizadas y transitadas de la ciudad, no deja de ser conmovedor, casi ingenuo el temor de los que para temblar necesitan titulares policiales en los noticieros. Tener miedo a ser asesinado, es casi una extravagancia estadística en una ciudad donde es cien veces más probable morir durante una tormenta o un accidente de tránsito. Y en la ciudad de Córdoba, tanto o más peligroso que las tormentas o la delincuencia, es la irresponsabilidad pública. Hay que tenerle miedo a los funcionarios sin preparación, a los audaces que llegan a un cargo por especulaciones políticas, a los particulares que se desinteresan de la vida de los demás.La falta de controles también mata. La impericia de los responsables mata. En la ciudad de Córdoba, mientras se gastan cientos de millones en centros cívicos, parques y faros de 90 metros de altura, las plazas infantiles siguen mostrando cables a la vista, en las calles hay postes del tendido eléctrico partidos que cuelgan de los cables durante meses, baldíos infecciosos, cloacas que corren junto a los paseos de compras exclusivos lo mismo que en las villas más miserables. La ciudad de Córdoba hoy toma agua con sabor a insecticida, tiene un servicio energético tercermundista, un Estado ausente y calles bombardeadas hace tres administraciones consecutivas. Córdoba es una ciudad sin reacción. Ni los muertos que no deberían estar muertos terminan de despertarla.

