Córdoba, la postal del Bicentenario
Si sale de su casa a la nochecita, ya verá que la ciudad parece iluminada como para un simulacro de bombardeo. Germán Negro.
-Se debe estar frotando las manos, Juan.
-Si lo dice por el frío, no es para tanto. Recién pinta para una camperita.
-No, Juan, le digo porque el Bicentenario, parece, que nos traerá muchos turistas. Seguro que compensará la pérdida natural que tiene en los feriados con el taxi, con los visitantes que moverá por la ciudad.
-¿Cree que vendrá mucha? Para mí, hay un poco de verso. Y los que lleguen, se van para las sierras. Además, si me piden un paseo, me va a dar vergüenza...
-No me diga, Juan, que perdió el orgullo de "tachero cordobés".
-Es que me da cosa... Mire, si sacó a un turista desde la Terminal, se va a encontrar con un auténtico arroyo, aunque está lejos de tener los sauces llorones. En lugar de aroma a peperina, sentirá el penetrante olor de la cloaca que floreció sobre el bulevar Perón y sigue el curso de la calle hasta que se va evaporando.
-¿Otra vez sopa? No sabía, Juan, que volvieron a aparecer cloacas que dejan su contenido sobre el pavimento.
-Siempre hay, vecino. A veces revientan en barrios alejados y nadie se entera.
-Entiendo que se sienta mal por esa situación, Juan, pero por ahí puede gambetear esas calles sucias y mostrar otra cosa.
-No es tan fácil. Ayer, unos empresarios brasileños me pidieron recorrido nocturno.
-Bueno, es su especialidad, Juan.
-!Era! Los tipos no pudieron ver nada, aunque dimos varias vueltas y nos comimos varios pozos.
-¿Qué pasó? ¿Se terminó la noche de Córdoba o los baches lo hicieron desistir?
-No, vecino. No vieron nada, porque no se ve nada. Si sale de su casa a la nochecita, ya verá que la ciudad parece iluminada como para un simulacro de bombardeo.

