Condenaron a la dueña de un prostíbulo en Cruz Alta: encerraban a las víctimas con candados y las “multaban”
La mujer de 80 años recibió cuatro años de prisión por trata de personas.
El Tribunal Oral Federal N° 1, en un fallo unipersonal de la jueza Carolina Prado, condenó a Luisa Antonia Paulina Nardi (80), dueña de un prostíbulo en la localidad cordobesa de Cruz Alta, a cuatro años de prisión como coautora de trata de personas con fines de explotación sexual agravada.
Nardi llegó a debate como única acusada ya que el otro imputado en la causa, Juan Carlos Isidoro “Gansa” Sosa, había sido sobreseído por fallecimiento. En el juicio abreviado, la regenteadora de Venus Show fue condenada por explotar a las víctimas para obtener beneficios económicos.
El caso data de antes de noviembre de 2009, cuando la Policía allanó el local y secuestró material de relevancia para la causa a cargo del fiscal federal de Bell Ville, José María Uriarte.
Captación, “multas” y una “cárcel”
Nardi y Sosa convocaban a distintas mujeres para trabajar en el cabaret. Lo hacían a través de los clasificados del diario El Litoral, de Santa Fe, para trabajar como “coperas”. Varias de las víctimas eran mayoritariamente de esa provincia y habían logrado contactarse por el teléfono personal que Nardi había inserto en el aviso. Otras comenzaron a “trabajar” por una amiga que ya había estado en la misma whiskería.
El traslado a la pequeña localidad ubicada a 327 kilómetros al sudeste de Córdoba capital, lejos estaba de ser gratuito, según la causa. Al llegar, le descontaban el pasaje, la foto para la libreta de sanidad, el análisis de sangre, la comida y los exámenes médicos, entre otros gastos.
El fiscal pudo establecer que las mujeres tenían un limitado manejo del dinero que percibían por las “copas” o “pases” (en este caso, relaciones sexuales con clientes) debido a que Nardi y Sosa retenían los montos mientras estuvieran en el prostíbulo o hasta que cumplieran la “plaza” (15 o 20 días de trabajo ininterrumpido).
Las jornadas eran extenuantes, desde las 22 hasta la mañana del día siguiente, y debían cumplir con los “pases” y luego dormir en la misma cama y habitación que utilizaban, algo conocido como “trabajo a cama caliente”. Recién al final de los 15 o 20 días de trabajo, percibían –previa quita por los descuentos– el 50 por ciento por los “pases” y el mismo porcentaje de las “copas” en el caso de que el cliente les invitara una.
A las largas jornadas, de lunes a lunes, Nardi y Sosa habrían diseñado un sistema de control perverso. Por ejemplo, las mujeres no podían entablar comunicación con aquellas prostitutas que tuvieran esposo o “fiolo”. Hacerlo, “violaban” esa regla, lo que les suponía hacerse acreedoras de “multas”.
Las víctimas relataron que no podían ir más allá del supermercado sin el control de Nardi y Sosa y aun así, las salidas habrían sido limitadas hasta por la Policía, según se plasma en la causa. “La Policía no quería que nos mezcláramos con la gente común”, comentó otra de las mujeres explotadas.
Al respecto, Sosa quedó en el centro de las sospechas por mantenerlas encerradas en el mismo prostíbulo una vez que terminaban de trabajar. La modalidad era colocar un candado hasta el día siguiente de que los “pases” comenzaban de nuevo. “Había muchas mujeres a las que no les gustaba lo del candado. Se sentían como en una cárcel”, declaró una de ellas.
La víctima terminó de alguna forma justificando el encierro porque era para su protección, en un trabajo psicológico que habría dado resultado bajo el accionar de Sosa y Nardi, según concluyó el fiscal.
Asimismo, a algunas se les retenían sus DNI cuando llegaban al cabaret para evitar que escaparan y así poder mantenerlas trabajando durante la “plaza”. A su vez, una de ellas declaró que si los clientes las invitaban a hoteles, podían hacerlo, sólo solicitando autorización a Sosa.

