Carta de una madre de un “niño difícil”, después de que su hijo se quedara fuera de otro colegio
- Pasó ya por cinco colegios en Córdoba.
- Su madre quiere ayudar a otros padres en igual situación.
Heiki tiene 9 años, ha recibido numerosos diagnósticos -TDH, trastorno en el lóbulo frontal, Asperger, psicosis y ahora “oposicionista negativo y desafiante”- y una vez más se quedó afuera de una escuela.
Ya pasó por cinco colegios de Córdoba. Marisa Gómez, su mamá, comparte su experiencia:
Carta a las madres con niños difíciles o carta para las madres de niños con TDAH, TOD, TOC, PO, TGD y qué se yo cuántas cosas.
Recién Heiki dijo: “Me voy a conectar con mis amigos”. A mí me repicaron esas palabras. Tiene amigos, pensé. De nuevo parece que el cielo escampa después de que no lo quisieran más en su escuela. Porque para él, ésa era SU escuela.
Y en este momento que tengo la cabeza inundada de pensamientos, de experiencias, de tristezas, de todos esos sentimientos que hacen que la garganta se anude, una no puede concentrarse en las palabras a utilizar para sacar afuera todas las experiencias vividas en las instituciones educativas, de donde tratan de sacarse a tu hijo de encima. Y cuando se piensa en eso, de vuelta regresan las lágrimas. Porque en todas siempre recibo el doble discurso.
Esta semana, en el único momento que quedé a solas en la casa, porque los niños y mi marido se fueron a la Fiesta de la Luz en la iglesia, la TV hablaba sola en la sala y unas palabras de Atahualpa Yupanqui por canal Encuentro me hicieron reaccionar. Las anoté:
“He aprendido prudencia y coraje, para callarme y hablar cuando debo hablar”.
Quizá por ello decidí hacer este texto.
Rótulos y aprendizajes
Así se vive esta maternidad atípica. Y eso es lo que se aprende.
Volviendo al comienzo. Se preguntarán ¿quién es Heiki? Es mi primer amor.
Pero para otros es “el TDAH”, “el Asperger”, “el psicótico”, “el con trastornos en la conducta” (esos son los vocablos más lindos o técnicos) porque después viene: el violento, el difícil, el loco, el enfermo, el que se ataca, al que le falla. Y sí… esos calificativos tiene. No se imaginan los que llevamos nosotros: “familia disfuncional”, “par de tarados”. Y opiniones como: “Seguro que en la casa se muelen a palos, por eso el niño es así”.
Sentencias tras sentencias, palabras y frases de condenación que te aplastan, de la cabeza hasta los pies, pero una se levanta fortalecida, gracias al Dios que sostiene en estos tiempos difíciles. El que más me ha ayudado. Y al que entrego todas esas cargas que humanamente ya no puedo solucionar.
Hoy he tenido una conversación con la autoridad que rige la escuela. Ella dijo: "Usted se victimiza señora" (con un buen tono) ¡Qué coraje para decirlo! Me pregunto si se escuchan lo que hablan. Nadie entiende la realidad que me toca vivir, no puedo darme el lujo de victimizarme. Menos a esta altura.
No quiero hablar de situaciones difíciles, ese no es el objetivo de éste texto. Historias con las escuelas, directivos (salvo la seño Raquel en el Provincia de Corrientes) docentes, padres … me sobran, y de las más variaditas e interesantes. Interminables. El libro gordo de Petete.
Mi objetivo es poder ayudar a todas aquellos que, por una u otra causa, se encuentran en mi situación, a todas esas madres que atraviesan el mar de “poder” enviar a un niño con dificultades a la escuela… y podría enumerarlos … es que me siento inspirada.

1) Tratar de hacer oídos sordos a todos los comentarios con respecto a nuestros hijos (me llevó un tiempo pero ahora que lo logré la paso mejor).
2) Buscar ayuda con profesionales comprometidos. Les puedo pasar una lista de todos los centros a los que no deben ir. Esto también favorecería a las obras sociales.
3) Aceptar el diagnóstico aunque duela, de ésta manera se pueden poner en práctica estrategias para ser más feliz.
4) No dejar que los demás decidan sobre lo que acontece con tu hijo.
5) Luchar, luchar y seguir luchando… No dejemos que se mastiquen nuestros hijos.
6) Ser siempre padres presentes en la escuela (pesados, hartantes, aunque a veces no resulta).
Y aún a pesar de todo ello, aquí siguen, en la perpetua lucha de que termine el año.
Después de todo, amo esta frase que me repito día a día: “Siempre hay algo más para hacer por los hijos”.
Marisa Gomez, la mamá de Heiki.

