Andrea y Mario ven cómo la gente se asusta de los precios
En diciembre bajaron la carne y otros alimentos, pero no alcanzó para moderar la inflación. Es la más alta desde la salida de la crisis.
Incómoda, cansada y hasta avergonzada. Así se siente Andrea, dueña de un almacén ubicado en Parque Vélez Sársfield. Sufre el incremento de la canasta de alimentos tanto como consumidora como dueña de un comercio que le tiene que cobrar las cosas cada vez más caras a sus clientes. Es que los precios aumentan en todos los comercios, chicos y grandes. Ninguno se salva.No sólo como consumidores. Del otro lado del mostrador, ella y su marido, Mario, también sufren la inflación. "Para nosotros es incómodo, porque todo aumenta a cada rato: los lácteos, las golosinas, todo", cuenta la comerciante y hasta asegura que ya ni siquiera pueden memorizar los precios. "A veces ni se los ponemos a los productos porque cambian a cada rato", se queja.Andrea agrega que muchas veces tienen que "vender al costo" y que "a la ganancia se la comen los aumentos". Además, sostiene que le produce vergüenza vender una mermelada o un litro de leche "por el precio que tienen". Aunque asegura que en el último mes "algunos precios se han calmado", dice que a lo largo de todo el año "muchos se han duplicado como las galletas, mientras que la mayoría se ha incrementado en un 25 ó 30 por ciento", dice.Y ni hablar de la cara de los clientes. La mujer dice que "la gente se asusta de los precios" y que "para mantenerse se va privando de esto y de lo otro". Aunque la inflación de 2010 es la más alta de los últimos años, la vendedora señala que "vende siempre bien" sólo porque su negocio está frente al Hospital Privado. "Si estuviese en otro lugar todo sería más difícil. Los comerciantes de los barrios no venden nada", indica.

