Anacrónico, pero sobre todo inútil
El libro se consigue a tres pasos de esa manzana, propiedad de la Iglesia, en cualquiera de las decenas de librerías céntricas. Lo cual torna ridícula la situación. Edgardo Litvinoff.
N i el mejor creativo publicitario hubiera urdido una campaña de marketing de efecto tan notorio como el que seguramente se producirá cuando comience a esparcirse la información. La prohibición de vender el libro Cinco curas por parte de las monjas propietarias de los locales en el que funcionan las librerías logrará todo lo contrario de lo que se propone. No importan ahora los méritos literarios del texto –o su ausencia–, ni si lo que testimonian los curas "rebeldes" de Córdoba es útil o no para que la Iglesia ejerza una autocrítica. Las monjas de la orden dominica acaban de rotular el libro con el sello de la censura, más allá de que los términos de un contrato de alquiler las justifique y ampare ante la ley. Y eso, hay que informarles, vende más que el silencio. A esta altura, parece una obviedad decir que la decisión es anacrónica, intolerante y autoritaria, porque todos esos calificativos se ensombrecen ante la inutilidad de la misma. El libro se consigue a tres pasos de esa manzana, propiedad de la Iglesia, en cualquiera de las decenas de librerías céntricas. Lo cual torna ridícula la situación, si no fuera porque sigue siendo una medida que remite a tiempos más oscuros. Ni siquiera la cúpula de la Iglesia en Córdoba estaba enterada de la situación, y difícilmente comparta o vea con agrado la acción de las monjas, que tomaron la decisión por su cuenta.¿Qué extraño mecanismo en nombre del decoro puede hacer que una persona –o una congregación– provoque un desacierto voluntario en contra de lo que pretende defender?En algún tiempo, el incidente será anecdótico para todos, aunque con seguridad se conservará en la memoria menos noble de esta Córdoba tan contradictoria.

