Una pequeña reseña histórica
En los últimos cuatro años, la Municipalidad anunció cinco veces la instalación definitiva de un sitio para la disposición final de la basura.
La historia comienza en 2009, cuando el entonces intendente Daniel Giacomino prometió clausurar en un año el enterramiento sanitario de Bouwer, que funcionaba desde 1982.
Desde entonces, el destino de los residuos cordobeses fue vagando por Córdoba y alrededores. En febrero de 2010 se dijo que se instalaría en Bajo Grande, un paraje cercano a Lozada, pero la Comunidad Regional de Santa María lo rechazó.
En abril de 2010 se instaló de manera “provisoria” –según el compromiso que Giacomino asumió frente a los vecinos– en Piedras Blancas, lugar que aún recibe la basura. A mediados de ese año, con la tragicómica experiencia gasificadora de Innviron, el destino iba a ser Toledo.
Hacia finales de 2010, el municipio quiso mudarlo a La Carbonada, en el sudeste capitalino, pero cosechó nuevos rechazos y debió desistir. En marzo de 2011, se quiso convertir a Piedras Blancas como definitivo, y también fracasó.

