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Aborto legal: una conquista que se tejió en 30 años

La masividad en el reclamo de la legalización del aborto fue el resultado de años de una construcción manual, minuciosa y sostenida de mujeres que nunca bajaron los brazos. 

30 de diciembre de 2020 a las 07:17 a. m.
Aborto legal: una conquista que se tejió en 30 años

La marea verde, las vigilias, el pañuelo como símbolo extendido en las mochilas de una población adolescente que logró, no sin dificultad, colarlo hasta en las aulas. Un debate que se metió en los hogares, que se trasladó a las calles, que quedó a mitad de camino en 2018 en términos legislativos pero que fue calando lo que sería su rumbo dos años después.

Un camino de construcción y de conquistas que empezó hace más de 30 años, rudimentariamente, pidiendo que se derogue un artículo de la Ley Rezzónico que prohibía la entrega de anticonceptivos en los centros de salud públicos. Ni siquiera ellas, integrantes desde el inicio de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito en 2005, hacían público por entonces el pedido de interrupción del embarazo.

“Cuando juntábamos firmas para presentar el proyecto, en 2007, regalábamos los pañuelos y la gente no se los quería poner. Hoy la gente paga por ellos, es increíble”, recordaría tiempo después Alejandra Domínguez sobre los ahora icónicos pañuelos verdes.

¿En qué radicó el éxito de esta construcción? Para ellas, las mujeres que integran la Campaña Nacional, el éxito se asienta en la capacidad de articular que han desplegado durante los 15 años de existencia como tal.

"Fueron 15 años de desarrollar muchísimas estrategias diferentes, de trabajar en red con periodistas, con profesionales de la salud por el derecho a decidir, con organizaciones, con cátedras por el aborto legal", reconoce entre la euforia de la flamante aprobación Teresa Bosio, una de las pioneras del movimiento.

Articular, entrelazar, enredar y mezclar son los verbos que aparecen en el repaso histórico, progresivo. “Hubo un movimiento que empujó y que permitió que esa ley pueda llegar”, admite. Y destaca otro aspecto que considera central: ver al Estado como un espacio de disputa y no como un obstáculo.

Y vuelven a aparecer los verbos que aluden al consenso, porque desde ese lugar se han ido generando espacios de diálogo hasta llegar, por ejemplo, al grupo de diputadas “sororas” que tejieron vínculos a través de sus partidos para que la ley de interrupción voluntaria del embarazo llegara efectivamente al Congreso en 2018.

Con la aprobación, el Estado tomará las riendas de un acompañamiento y una asistencia que las organizaciones vienen desplegando desde hace tiempo. “Emociona ver que logramos el consenso social necesario para entender que el aborto no es una cuestión de posiciones ni de creencias personales, sino un tema de salud pública y derechos humanos, de humanismo y justicia social”, resume Betiana Cabrera Fasolis, médica, coordinadora provincial de Mumala e integrante de la Campaña.

Al centro, Betiana Cabrera Fasolis, coordinadora de Mumala e integrante de la Campaña (Nicolás Bravo / La Voz).
Al centro, Betiana Cabrera Fasolis, coordinadora de Mumala e integrante de la Campaña (Nicolás Bravo / La Voz).

Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir. El slogan es la síntesis perfecta de un reclamo que hoy tiene una ley asignada para cada tramo, consagrando derechos sexuales y (no) reproductivos impensados hace tres décadas.