A la Insegura casi la llevan presa
La inseguridad se asienta sobre un enjambre de componentes. Para muestra, relataremos un hecho casi casual, pero muy ilustrativo. Rosa Bertino.
Nada enferma tanto como la impotencia. La certeza de que anda todo mal y que la clase media, la más expuesta y vulnerada, paga los platos rotos. La inseguridad se asienta sobre un enjambre de componentes. Para muestra, relataremos un hecho casi casual, pero muy ilustrativo. Alrededor de las 20, una señora mayor sale de la peluquería y se dirige a la parada de colectivos. Aunque la zona es muy concurrida e iluminada, igual se cruza la cartera sobre el pecho, tipo bandolera, para desanimar a los arrebatadores. Aun así, un flaco la encara y quiere arrancársela por la fuerza. La tira al piso, a la vista de decenas de personas que no hacen o no pueden hacer nada. La mujer se levanta, más golpeada por dentro que por fuera. No logra comprender la fiereza del ataque, el vacío animal en la mirada del agresor y por qué ese compatriota se ha convertido en un enemigo declarado. Lo atraparon. La mujer, a quien de aquí en más llamaremos "la damnificada" o "la dicente", se vuelve a casa. La imbuye el conformismo pueril del sobreviviente argentino: salió prácticamente ilesa; el bolso apenas contenía un celular antediluviano, 20 ó 30 pesos y la tarjeta Red Bus (nunca reapareció). Quizá era hora de comprar otra cartera, y justo empiezan las liquidaciones. Al igual que mucha gente, no piensa hacer la denuncia. Cuando llega a su domicilio, una amiga le avisa que la Policía atrapó al ladrón, tienen sus pertenencias y sólo debe ir enseguida a la comisaría a hacer la denuncia. "Sólo-solamente" es un adverbio de modo que, en estos casos, puede adquirir ribetes kafkianos. Policía Judicial. Pasa horas enteras en el precinto, más concretamente ante Policía Judicial. La indagatoria es minuciosa, y más tienen que declarar los uniformados. Primero uno; después el otro. Mientras tanto, obviamente dejan de hacer su trabajo en la calle. Llega un momento en que la damnificada piensa si no sería mejor que se la queden, a la cartera. Entre otras cosas, habiendo un detenido de por medio, deben revisarle su celular, para saber quién llamó a quién, cómo supo que tenía que ir a la comisaría, etcétera. La amiga también deberá testificar. Incluso irán a la peluquería, para "corroborar" el relato de la dicente. Derechos. La damnificada logra entender que el detallismo obedece a las garantías procesales del preso. Agotada, discute con el empleado de turno: "Señora, el detenido tiene los mismos derechos que usted", dice éste. Usted sabrá disculpar, señor asistente de fiscal, pero si bien ese joven tiene derechos, no pueden ser los "mismos" que la persona a la cual acaba de robar. El empleado vuelve a aclarar que "sólo" cumple órdenes estrictas de la Fiscalía. Al final, la damnificada comprende por qué tanta gente evita hacer la denuncia. Por qué los policías tienen que cuidarse tanto, al realizar un operativo. Y se diría que la Policía de uniforme, y la civil o judicial, no festejan juntas el Día del Amigo.

