A 25 años del primer trasplante cardíaco en Córdoba
El paciente fue Hugo Berbotto. El principal problema que subsiste es la falta de donantes. El futuro parece venir de la mano de los corazones artificiales.
Hace pocos días, el 21 de abril, se cumplieron 25 años del primer trasplante cardíaco en Córdoba, que también fue el primero en el interior del país. Sus protagonistas fueron Hugo Berbotto, el paciente que recibió el corazón y ganó casi nueve años de vida, y el equipo médico liderado por el cardiocirujano Roque Córdoba, que llevó adelante la intervención en el Hospital Privado, donde en 1989 se había creado el programa de trasplantes cardíacos."Ya estábamos preparados para realizar la cirugía, e incluso tuvimos un paciente en lista de espera que falleció por falta de donante, que es el principal problema que subsiste hasta hoy", recordó Córdoba.Berbotto, según relató el cirujano, estaba internado en estado de gravedad extrema. "Pero cuando parecía que lo íbamos a perder, apareció un donante en Córdoba que nos permitió concretar la cirugía", precisó.En el procedimiento, que duró desde la tarde hasta la madrugada siguiente, participaron los médicos Marcos Amuchástegui, Henry Paladini, Roberto Paganini, Ricardo Navarro y Jorge García González.Luego del trasplante, Berbotto estuvo internado tres semanas, tras lo cual vivió casi nueve años "con muy buena calidad de vida", afirmó el profesional. Más años de vida Desde aquel día hasta la actualidad, los avances fueron muchos. Y entre ellos se destaca el significativo aumento en la expectativa de vida de los trasplantados cardíacos. "Hace 20 años, el 50 por ciento de los pacientes alcanzaba una sobrevida de siete años, en tanto que ahora la mitad sobrepasa los 10 años", informó Córdoba. "Nosotros tenemos pacientes que fueron trasplantados hace 21 años", ejemplificó.Las mejoras en las drogas inmunosupresoras y el mayor conocimiento de esos fármacos –imprescindibles en quienes reciben un trasplante de órganos sólidos para evitar el rechazo–, así como la más oportuna detección y el más eficaz tratamiento de las infecciones, son los principales factores que han incidido en el aumento de la expectativa de vida. "En estos años aparecieron nuevas drogas inmunosupresoras con menos efectos colaterales, a la vez que los médicos aprendimos a controlar mejor la inmunosupresión y a tratar precozmente las infecciones que se derivan justamente de esa disminución del sistema inmunológico", destacó Córdoba.Otro cambio, de acuerdo con el profesional, se vincula con una mejor selección de los pacientes. "Ahora sabemos que en el caso de personas con obesidad mórbida o con desnutrición extrema, se debe optimizar su condición antes de someterlos al trasplante", indicó. Hacia el corazón artificial Sin embargo, algunos de los obstáculos que existían en 1990 aún persisten, como la falta de donantes de órganos. "Por eso, la muerte en lista de espera ronda el 30 por ciento", puntualizó Córdoba, quien señaló que desde hace años se vienen buscando alternativas a los órganos cadavéricos."Una línea de investigación indagó en los xenotrasplantes (con órganos no humanos), y básicamente se estudiaron los corazones porcinos y de ovejas, pero eso fracasó", explicó.Sin embargo, en los últimos 10 años hubo importantes progresos en los corazones artificiales a partir del advenimiento de los sistemas de asistencia circulatoria mecánica."Primero comenzaron a usarse como puente hacia el trasplante, es decir como una alternativa provisoria hasta que se obtenía un órgano", indicó el experto. "Pero ahora ya se dispone en el mundo de corazones artificiales de 5° generación, con una performance tan promisoria que en muchos casos empiezan a ser el sistema de elección", dijo Córdoba, quien informó que en Estados Unidos ya son alrededor de tres mil los pacientes que tienen un corazón artificial como terapia definitiva, además de otros 11 mil que lo tienen implantado como puente al trasplante.La mayor ventaja que presentan, además de no depender de los donantes cadavéricos, es que no requieren inmunosupresión. Pero, en cambio, los pacientes deben estar parcialmente anticoagulados. Así, mientras el riesgo con el trasplante son las infecciones y el rechazo, en este caso viene de la posibilidad de sufrir trombos y hemorragias."Eso se ha superado en parte", aseguró Córdoba, quien puntualizó que otro inconveniente son las fuentes de energía que deben ser recargadas, ya que dependen de baterías que duran de ocho a 12 horas.

