“Utilizo el arte del cine para contar una historia”
El director Ezequiel Comesaña presenta Ensayo Mendiolaza, un documental que critica el avance de las empresas desarrollistas en esa ciudad de las Sierras Chicas. Se estrena en el Cine Teatro Córdoba.
Cansado del pulso urbano, Ezequiel Comesaña se fue a vivir a Mendiolaza, a una casa que tenía como fondo el arroyo Saldán. No llevaba un mes allí cuando sufrió una fuerte inundación a raíz de una tormenta que no sólo arruinó hogares, sino que además se cobró la vida de un lugareño. A partir de allí habló con gente de la localidad y le dijeron que las desgracias se repetían desde comienzos de este siglo, por culpa de los desmontes y su directa relación con el agua. Ese fue el clic que tuvo el director para realizar Ensayo Mendiolaza, un documental (premiado en el Festival internacional de Cine Verde de Barichara, entre otros) que podrá verse desde este jueves y hasta el domingo en el Cine Teatro Córdoba.
–¿"Ensayo Mendiolaza" podría calificarse como cine de denuncia? ¿Es un recurso más efectivo que el periodismo?–No sé si es cine denuncia, o si es más efectivo. Yo traté de mostrar una foto de la realidad de este lugar, lo bello que aún es, pero a su vez el daño casi irreversible que el ser humano puede ocasionar a este y otros bellos lugares cuando no se tiene conciencia o no se planifica. Yo utilizo el arte del cine, que creo que es lo que mejor me sale, para contar una historia que siento, me moviliza, que considero que vale la pena mostrar y dar a conocer. Creo que la manera de narrar la película, el mismo hecho de que sea cine, puede tener un efecto muy diferente al que tiene el periodismo, sobre todo para concientizar al respecto. Puede llegar de manera diferente, tocar una fibra íntima que despierte cierta movilización. La película no trata de establecer una única verdad: es una visión subjetiva, contando parte de la cotidianidad de algunas personas. Lo que busca es contribuir a un amplio y respetuoso debate de la problemática ambiental, del agua, del desmonte, de la falta de planificación, del gas y de varios subtemas que aborda el filme, pero que se genere un debate entre los sectores involucrados para beneficio de todos.
–Hace unas semanas, se aprobó la construcción de El Terrón, otro country de Mendiolaza. ¿Dirías que el mensaje de tu largometraje es resignado o esperanzador?–Lo del Terrón es, para mí y en la película, el símbolo o la síntesis de hacia dónde van las cosas, allí está el último parche de bosque nativo próximo a la ciudad (son al menos 280 hectáreas de bosque); y no sólo se pretende hacer un barrio cerrado, sino cinco, y una cancha de golf de 18 hoyos (a escasos kilómetros de la cancha de golf de Villa Allende). Creo que la película deja bien en claro que ya hay al menos 6 mil habitantes del barrio El Talar que no tienen agua. El mensaje que doy es ambiguo. Por un lado es esperanzador, porque una de las familias protagonista nos dice que a pesar de las inundaciones volvería a elegir este lugar, apostando por un futuro más sano para sus hijas. Por otro, tienen la resignación: "Sabemos que el agua va a volver a entrar, entonces nos preocupamos para ver cómo sale". Por ese lado están resignados. La película también tiene esa dicotomía.
–¿Se trata de un documental en 100 por ciento o tiene momentos en los que recurriste a la ficción?–Prácticamente es un documental. Lo que pasa es que por momentos parece ficcionalizado, parece que están siguiendo un libreto. En realidad, hay un guion elaborado por detrás, que me iba marcando qué filmar. Por ejemplo, el "aguatero", que es el que reparte agua en un camión cisterna, me dijo que no paraba para que yo lo filmase, que debía seguir trabajando, y el único momento eran los minutos en que llenaba el tanque del camión. Entonces lo registré documentalmente, pero con una estética y continuidad que te dan la sensación, por momentos, de que está actuando.
–En un texto sobre el documental se plantea que los lugareños no tienen la misma repercusión que los taxistas o los empleados públicos al momento de expresar sus realidades. Además de una fuerte crítica al desarrollismo, también podría interpretarse como una crítica hacia los medios y la sociedad en su conjunto.–Ese texto es la crítica del Cine Teatro Córdoba, muy interesante por cierto y que, en el torbellino de cosas que me sucedieron con esta película, no lo había pensado nunca. Está bueno que genere esa crítica. La película ya tiene vida propia (creo) y siento que ya no me pertenece. Logré tomar distancia, a veces me sorprendo y digo: "¿Cómo hice esto?". Y sí, entre las cosas que genera, el hecho de poner la cámara y contar esta historias, aparecen subtramas, mensajes que trabajan desde el subconsciente (el arte del cine tiene mucho que ver con eso). Aparece esta crítica al desarrollismo voraz, pero también vemos que a veces no hay un instante para mirar lo que nos rodea. La vorágine cotidiana nos hace perder de vista cosas que son fundamentales para nuestra calidad de vida, como el aire que respiramos o el agua que tomamos. No nos damos cuenta de los servicios esenciales que generan los ambientes naturales para el ser humano.
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Perfil
Ezequiel Comesaña es productor, guionista y director de cine. Es autor de los documentales Alas Argentinas, reflejo de un país, El piloto de Perón, #M69 El Cordobazo y Ensayo Mendiolaza, obra que obtuvo varios premios y se proyectará desde este jueves y hasta el domingo en el Cine Teatro Córdoba (27 de Abril 275).

