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Soñó ser crítico de rock

David Fricke, periodista histórico de “Rolling Stone”, habla del rol de la publicación en los tiempos que corren y sus polémicas, y da una visión optimista del futuro de la música pop. Además, cuenta cómo despidió a Lou Reed.

14 de noviembre de 2013 a las 11:09 a. m.
Germán Arrascaeta y José Heinz
Soñó ser crítico de rock
David Fricke estuvo en Buenos Aires para dar una charla en el marco de las celebraciones del 15° aniversario de la edición argentina de “Rolling Stone”.

David Fricke soñó ser crítico de rock desde que vio a Pink Floyd en vivo, en el marco de un accidentado festival en el que The Who no llegó a tocar. "Tengo que ser parte de ese mundo, e interpretarlo", cuenta que pensó al momento de ser atropellado sensorialmente por el grupo británico este periodista de Filadelfia, que terminó siendo pieza clave en la redacción de Rolling Stone.

Rolling Stone, la revista estadounidense que comenzó asimilando la agitación contracultural de los '60 y que sobrevivió hasta hoy como una publicación enfocada en un público joven en todas sus variantes: hedonista, consumista, analista. Entrevistas a artistas influyentes, reviews de discos fundamentales y análisis coyunturales precisos terminaron convirtiendo en referencia a este cronista. Tanto es así, que no hay rockumental que no lo tenga como estrella invitada.

Fricke llegó al país en estos días para participar de una serie de eventos programada por la versión argentina de Rolling Stone, en el marco de la celebración de su 15° aniversario. Cuidad X lo contactó vía correo electrónico días antes del fallecimiento de Lou Reed, y el periodista tuvo la gentileza de contestar días después de la pérdida definitiva del Velvet Underground. "El obituario se Lou fue lo más duro que tuve que hacer, pero lo cierto es que no podría haberlo hecho otro. Escribir un texto así sobre alguien que tuvo tanto impacto sobre vos… Es duro, sin dudas. Estuve con él en varios etapas de su actividad. De hecho, compartí las sesiones del disco que hizo junto a Metallica. Soy el Lester Bangs de Lulu, en 10 años todo el mundo hablará de ese disco", expresó Fricke, aún conmovido, en el marco de una charla abierta realizada en Buenos Aires.

“Insisto, si yo no hubiera afrontado el obituario, Lou me diría ‘¿qué te pasa que no escribís sobre mí?’. Saqué las transcripciones de todas las entrevistas que le hice, Laurie Anderson, Jagger y Bono escribieron algo especial para nosotros. Patti Smith también. Estuvimos a la altura”, redondea Fricke.

Su primera crítica salió publicada en un periódico de su Filadelfia natal. "Lo envié por decisión unilateral a una revista under, pero terminó saliendo en el diario sin que me avisaran. Casi me muero. Me pagaron un cheque de cinco dólares. No lo cobré, me lo guardé de recuerdo", recuerda el escriba que entró a Rolling Stone en 1977, con una nota sobre un promotor de conciertos de su ciudad que estaba siendo investigado.

"Y una vez establecido en Nueva York, los editores me permitieron hacer la review de Sheik Yerbouti de Frank Zappa. Estaba muy nervioso, porque si bien había escrito para muchísimas otras publicaciones, esto era Rolling Stone, suponía un desafío especial", redondea David.

E inmediatamente blanquea sus métodos de trabajo con materiales diversos: “Soy el rey de la reescritura, porque si no tenés el primer párrafo bien, no tenés nada. Allen Ginsberg decía que el primer pensamiento es el primer pensamiento, una parte vital de la comprensión del arte. Adhiero, pero un texto es una escultura. Como sea, siempre hay que cumplir con los deadlines”.

–¿En qué periodo histórico dirías que "Rolling Stone" asumió que era una revista de cultura joven antes que sólo una publicación sobre música?Rolling Stone fue una revista de la cultura popular americana desde sus inicios. Siendo un suscriptor de la primera hora –empecé en 1968–, enseguida vi la amplitud de las intenciones de la revista, desde coberturas de películas under de Hollywood, notas sobre las represivas leyes de drogas, hasta el negocio de la música y la literatura contemporánea. Los poemas cortos que solían aparecer en la sección de discos no estaban ahí sólo para llenar espacio. El motor primario de la contracultura cuando la revista comenzó, en 1967, fue la música y los artistas emergentes, como Beatles, Dylan y los Stones. Recuerdo grandes y extraordinarias tapas sobre Doug Sahm, Sun Ra y los MC5. Pero también existía una radio progresista que sostenía esta clase de decisiones, y un negocio de shows en vivo abierto a las posibilidades de gustos y carteleras divergentes. Miles Davis compartía el Fillmore East Stage con Neil Young and Crazy Horse. The Yardbirds tocaron en San Francisco con el pianista de jazz Cecil Taylor. Pero esa energía e importancia cultural no era sólo musical, reflejaba un gran movimiento en la audiencia más joven de la sociedad, que aún existe ahora salvo que en un nivel mucho más underground, en la cultura de Internet. Rolling Stone fue y siempre será una revista de noticias, cubriendo la vital cultura de los tiempos. Los temas y los tratamientos pueden cambiar pero los ideales y la dirección, no.

–¿Cómo decidieron poner en tapa al "Bombardero de Boston"? ¿Tiene límites lo políticamente incorrecto?–Como redactor del staff, no estuve involucrado en la decisión de poner a Dzhokhar Tsarnaev en esa portada. Entiendo las muchas y extremas reacciones hacia esa imagen y el dolor que generó, especialmente en Boston, el verlo en la tapa de la revista. Pero de nuevo: era noticia. En su momento, pusimos a Charles Manson después de sus horrorosos asesinatos. Esa tragedia resonó en toda la nación y especialmente en la contracultura, por razones potentes y perturbadoras. Era necesario señalar esas razones y asuntos. Además, no es tan raro sugerir que, bajo diferentes circunstancias, con otra crianza y diferentes experiencias en la cultura americana, Tsarnaev pudo haber sido uno de nuestros lectores. Estaba en nuestro target demográfico principal, y probablemente compartía muchos intereses como los deportes, la música y el entretenimiento. Los cambios en él, y los trágicos resultados, fueron el motivo de la 2 investigación. No fue glorificado. El tema fue tratado en profundidad. Además, esa foto había aparecido en otras publicaciones, como el New York Times. La controversia que generó que apareciera en nuestra revista dice algo de la importancia simbólica de "la tapa de Rolling Stone".

–Podría decirse que una figura como Julian Assange es más relevante que Bono: su trabajo afectó el "statu quo", más que artistas como Joe Strummer o cualquier músico que haya intentado usar la música como una herramienta política. ¿Estás de acuerdo?–No pienso que Assange es más rock star que Bono o cualquier otro músico que conozco. Assange no crea nada, es un "agregador", un recopilador de contenido, y luego lo distribuye. Yo también cuestiono la imprudencia de sus métodos. Soy lo suficientemente viejo como para recordar la furia de los "Pentagon papers", que detallaban el rol de los Estados Unidos en Vietnam. Las exposiciones son una parte vital del periodismo democrático. Pero la liberación de Assange de documentos de seguridad fue ejecutada con una problemática intención de celebridad y exposición personal, de la cual resintió cuando las autoridades le dieron la espalda a raíz de su comportamiento personal. Por otra parte, las estrellas de rock y los músicos son políticos en el sentido que afectan mucho allí donde están los cimientos de los políticos: los oyentes. Difundir un mensaje es una forma importante de asentar un cambio positivo. La música aún es una forma efectiva de lograrlo con un oyente/votante/manifestante por vez, más allá del tema o del lado que estés. Eso no cambiará nunca, especialmente para mí. Siempre confiaré en lo que Bono me diga, en una entrevista o en privado, mucho más de lo que confiaría en cualquier político.

La mejor parte

–¿Cuál fue la entrevista que más disfrutaste escribir a lo largo de tu carrera? ¿Y la más importante?–He tenido la suerte de entrevistar a muchos artistas y músicos que admiro, como crítico y fan. No podría elegir uno solo como mi favorito. Como acabo de escribir sobre él, voy a mencionar a Lou Reed. Su trabajo me influenció, tanto en Velvet Underground como en su etapa solista, cuando era adolescente. Pude entrevistarlo muchas veces hasta su muerte (una muy reciente, el verano pasado), y creamos una relación profesional/artista que siempre voy a valorar. Esa es la mejor parte de este trabajo, interactuar con los creadores de la música, y poder contar sus historias, a veces a lo largo de sus vidas.

–¿El rock ha perdido algo de su poder en los últimos 20 años? Hoy, los jóvenes pasan más tiempo en Facebook que escuchando discos. ¿Deberíamos ponernos pesimistas frente a esto?–Si el rock hubiera perdido su poder, no me estarían preguntando esto. La música siempre ha estado en peligro en relación con otros ambientes, como la tecnología u otras distracciones. No creo que escuchar música en un celular sea demasiado divertido, pero su importancia es obvia desde el momento en que las empresas usan canciones para publicidades, o al intentar meterse en el negocio del streaming y las descargas. De nuevo, Facebook no crea nada: reúne información, la distribuye y (recuerden esto) vende partes de las vidas de la gente. No puede reemplazar a la música porque no puede crear algo que logre vencerla.

–"La tapa de Rolling Stone" es como un ícono pop, una cima para un artista o una celebridad. ¿Considerás que hubo tapas particularmente importantes en la historia de la revista?–Ha habido más de mil tapas en la historia de Rolling Stone. En el tiempo en el que permanecen en los quioscos de revista, todas son importantes. Y el hecho de que todavía haya artistas que quieran aparecer en ella demuestra la autoridad de esta publicación en estos casi 50 años desde su fundación. "La tapa de Rolling Stone" es un ícono en sí mismo. Sólo cambia cada dos semanas.