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Seis miradas locales sobre Cortázar

Eloisa Oliva, Gonzalo Marull, Javier Eduardo Martínez Ramacciotti, Gastón Sironi, Mariela Laudecina y Miriam Tessore, dan una visión sobre el autor de Historias de cronopios y famas.

23 de agosto de 2014 a las 12:43 a. m.
Ciudad Equis
Seis miradas locales sobre Cortázar
De izquierda a derecha: Ramacciotti, Tessore, Laudecina, Sironi, Oliva y Marull

Tres miradas y tres ideas sobre un mismo autor. Eloisa Oliva, Gastón Sironi y Gonzalo Marull:

El cazador

Eloisa Oliva (escritora).

Sin embargo, tuvieron que pasar muchos años hasta que pude superar ese prejuicio. En algún momento leí Los premios, novela que bucea en el fantástico y tiene importantes dosis de humor negro. Me divirtió mucho, y me interesó. Y otra vez descubría a Cortázar. Entonces empecé a recobrar los cuentos leídos muchos años antes: "Cartas a mamá", "Las armas secretas", "Final de juego", El perseguidor, "Autopista del sur", "Continuidad de los parques". En este Cortázar redescubierto podía escuchar un mosaico de voces distorsionadas, de situaciones absurdas, de escenarios reconocibles aunque ligeramente modificados. Este sí me gustaba, este Cortázar generaba la operación clave de la buena literatura: dejar la sensación de algo que se escapa, algo que no se mide ni se disecciona.

Después, en la entrevista que Joaquín Soler Serrano le hizo para el programa A fondo, escuché al escritor puro, al Cortázar lúdico. El que busca con sus libros llegar a alguna parte a la que sabe que no va a llegar, un absoluto inalcanzable como el que persigue Johnny Carter (*) con su música. Me quedo con esa imagen: Cortázar el cazador,

Cortázar el escritor.

(*) Johnny Carter es el nombre que Julio Cortázar le da al saxofonista Charlie Parker en el El perseguidor.

Estamos en paz

Javier Eduardo Martínez Ramacciotti (escritor).

Pasar agosto, Julio

Gastón Sironi (escritor).

A  muchos el juego nos llegó apenas unos años después, pero hubo tiempo para ponerse al día y leerlo todo como corriendo en una película francesa. Café crème y jazz y París: parece una fórmula snob, y sin embargo no lo era: fue él quien la inventó.

(El juego, por cierto, fue inolvidable.)

Hay regodeo en algunas demoliciones: ¿quién juega hoy a la rayuela? El barrio literario se puso peligroso y los modelos vienen armados.

Pero hay un edificio con columnas jónicas, dóricas y corintias. Ahí perviven “Continuidad de los parques”, “Axolotl”, “Casa tomada”. Y más, increíblemente muchos más: “Las babas del diablo”, “El perseguidor”. “La autopista del sur”. Títulos precisos en un dispositivo de precisión. Es sabido, cada aspirante a cuentista debe desmontar, diseccionar: Onetti / Walsh / Borges. Y Cortázar, claro: un minucioso andamiaje musical que inunda los sentidos, cincela imágenes en nuestras retinas y queda ahí, en la mejor temperie de la lengua: una casa adonde te tratan de vos, adonde siempre podés volver.

Él, tal vez, se habría burlado de las fechas, de los homenajes oficiales.

Habrá que pasar agosto, Julio: después de los vientos de un centenario podrá verse qué queda en el campo.

Arma de seducción

Gonzalo Marull (dramaturgo).

Como todos los grandes poetas, el vínculo de Julio Cortázar con el teatro es intenso. Tan intenso que comenzó escribiendo ensayos y obras de teatro (o al menos es lo primero que firmó con su nombre).

Mi vínculo con Cortázar es igualmente intenso y arranca en la adolescencia, Cortázar fue mi arma de seducción. Como tiempo después lo fue el teatro. Cortázar y el teatro servían para conquistar chicas. Hoy ambos son mucho más que eso en mi vida.

Rendí el Seminario de Técnicas Autorales de la Licenciatura en Teatro con una adaptación para teatro de Rayuela. Recuerdo que al entregar la obra le dije a la docente: "estoy enamorado de la Maga, ¿puede el dramaturgo estar enamorado de uno de sus personajes?".

Rendí Formación Sonora 3 con una adaptación del “Aplastamiento de las gotas”, había mucha agua y una batería en escena. Al finalizar la escena me enamoré de una compañera.

Cortázar es sinónimo de acción, juego, poesía y humor. Paradojalmente sus piezas teatrales carecen de algunos de estos elementos, por eso atraen mucho más a la escena sus relatos cortos o sus novelas. Pero esto es un dato menor ya que Cortázar enamora en todos sus formatos, y el teatro, hoy más que nunca, necesita un poco más de amor.

Una cosa lleva a la otra

Miriam Tessore (editora).

Sueños de memoria

Mariela Laudecina (escritora).

A los diecinueve, un amigo me prestó Historia de Cronopios y de famas. Fascinada, empecé a comprarme o a pedir prestado libros de Cortázar. Le siguieron Bestiario, Todos los fuegos el fuego,

Salvo el crepúsculo, Vuelta al día en ochenta mundos y Último Round; estos últimos, ediciones de los años 70, que eran del padre de mi amigo. En el transcurrir de las lecturas del resto de la obra, la revista La Maga sacó un número especial sobre mi escritor favorito (prácticamente era el único a quien leía) y aparecía en tamaño póster la famosa foto con el pucho en la boca que le hizo Sara Facio. Pegué la hoja en una madera y colgué a Julio en la pared enfrente de mi cama. Entonces sucedió la magia: casi todas las noches soñaba con mi amado escritor.  Me lo encontraba por la calle, me mostraba mapas, lo seguía por escaleras siniestras y otros que no recuerdo. Pero hubo uno muy vívido que me impactó, incluso lo escribí: Soñé que Julio Cortázar entraba por la ventana de mi habitación. Sus piernas eran kilométricas; casi un gigante. Hombre voluble y complicado, podría haber tocado la puerta.