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Posdata: Eugenia “Guli” Brünner

Eugenia “Guli” Brünner es actriz, dramaturga y la protagonista de la obra “Waldina”, del grupo Estambul. Su personaje es una abuela construida a base de retazos de todas las abuelas. Una joven promesa del teatro en la piel de una señora grande. 

14 de mayo de 2015 a las 10:42 a. m.
Posdata: Eugenia “Guli” Brünner

La abuela de Guli inspiró la obra que se presenta todos los jueves en la sala de teatro Medida por Medida. Waldina falleció un tiempo antes del estreno, pero eso no le quitó energía a la joven actriz: Guli es arrolladora en la vida real y en escena. A la manera de las señoras de trayectoria en tablas, hace gala de un aplomo que le permite cambiar de piel con facilidad camaleónica. Fundó, junto con Martín Cabrera, Dany Fontanetto, Agustín Balbi, Seba Ferrero y Vale Calvimonte, el grupo Estambul, con el que presentan Waldina, obra en la que Guli se pone en la piel de su abuela y le regala al público una mezcla de sentimientos profundos, talento y entrega absoluta.

–Ya hiciste de abuelita en la obra “Cuentos de la gran puta”.

–Sí. Las abuelas me llaman la atención y las observo mucho, me pasa como con los bebés recién nacidos, me atrapan sus movimientos más lentos, sus gestos, las arrugas. Los ancianos son la otra cara de la vida, la que menos nos gusta ver pero siempre está. Hay una magia en esos cuerpos desgastados llenos de historias que me intriga, desde chica me gustó escuchar las historias de mis abuelos y siempre soy la que se queda charlando con el viejito al que nadie le da bola en el cumpleaños multitudinario. Me gusta porque hay una edad en que se vuelven inimputables, pueden ser graciosos, tiernos, y si te quieren mandar a freír churros sin preámbulos, allá van.

Entenderle el tiempo a la vejez fue, lejos, lo más difícil

–¿Qué te atrae de la vejez de Waldina, la protagonista?

Waldina tiene un pedacito de cada abuela que fui conociendo y queriendo desde la parva de anécdotas e historias personales que nos sirvieron de puntapié para contar esta historia. La Waldina que habita el escenario es hermosa, a pesar de estar planteada estéticamente desde la caricatura. Creo que es muy humana, y eso me encanta. Ella se enoja, llora, se emociona, se ríe, se arriesga, se queja, se asusta y sigue, por sobre todas las cosas, siendo una abuela tierna y dulce. Creo que la vejez es inevitable y puede ser cruel muchas veces, pero es parte de la vida y como tal, podemos darle una perspectiva más amorosa.

–En escena sos vigorosa, ¿no es contradictorio ese espíritu con la vejez?

–Entenderle el tiempo a la vejez fue, lejos, lo más difícil, incluso sigue siendo un desafío cada función. Soy vigorosa en escena y en la vida, soy un desborde de energía. Desde el primer día en que encaré este personaje pensé: tengo que ser lenta, suave, delicada, así es Waldina. Ese es mi punctum de la vejez, la paciencia dibujada en la lentitud de los movimientos, todo simplificado en un gesto, en lo que expresa la mirada. Y en teatro siempre hay más desborde, por momentos la escena y la música exigen tiempos más rápidos y la Waldina tiene que poder ajustarse a la partitura sin perder su esencia. Creo que en esta obra aprendí a condensar y a confiar que menos es más. Será poco original el concepto, pero es cierto.

–¿Hay gente que le teme mucho a esa edad?

–Yo le temo. Todos le debemos temer un poco, hay muchos buenos argumentos para temerle a la vejez. Pero esta obra más allá de transitar la vejez, transita la vida, celebra la vida y sus ciclos. Es un mensaje esperanzador, como vivir con alegría y con amor hasta el final de la vida. Por más que las cosas, lógicamente, no se den como en una obra de teatro (porque yo estoy encorvada solo una hora y no podés creer el dolor de cintura, ni me imagino estar años así), yo creo que el amor sí puede transitarlo todo. El que le tenga miedo a la vejez que venga, tal vez se ahorra un par de sesiones de terapia.

Creo que hay que saber pelear con amor para hacer una buena obra de teatro

–¿Qué es lo que primero desanima al encarar una obra? 

–Todo, es mucho trabajo hacer una obra. Si lo pensás dos veces, no lo hacés. Te desanima no estar en Broadway y no tener a 50 monos haciéndote todo lo que necesitás mientras vos estudiás la letra en tu camarín comiéndote un snack. Acá en Córdoba las obras son como hijos, las viste crecer desde la nada, las amás con locura pero te dolieron desde el principio. Casi seguro lo hiciste trabajar a tu viejo, o a tu hermano, o a algún amigo buena onda en algo, pero eso no nos hace menos profesionales, ni hace nuestro teatro de menor calidad.

–¿Se puede no pelear mientras se arma una obra de teatro? 

–La veo difícil. Hacer una obra de teatro es trabajar con personas, un equipo de gente metiendo cabeza, corazón y manos. Todos somos distintos; si no peleáramos, todos estaríamos de acuerdo y el teatro sería chato, y eso es lo peor que nos puede pasar. Se puede dejar de lado el rencor y aprender a pelear como se pelea con los hermanos. Creo que hay que saber pelear con amor para hacer una buena obra de teatro.

Perfil: Eugenia “Guli” Brünner (Córdoba, 1988) es actriz, dramaturga, directora, iluminadora y docente. Es integrante fundadora del grupo Estambul y trabajó como actriz en Vida, una acción urbana (Roberto Videla), Fahrenheit (dirección de Luciano Del Prato), Intermitente: juerga asesina (de su autoría), entre otras. Waldina, dirigida por Nelson Balmaceda, se presenta todos los jueves a las 21.30 en Medida por Medida (Montevideo 870). Entrada general: $ 70; estudiantes y jubilados: $ 60.