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Para celebrar el movimiento y la ruptura

La prosa del transiberiano y de la pequeña Juana de Francia, de Blaise Cendrars, vuelve un siglo después en forma de libro-objeto.

15 de octubre de 2015 a las 02:01 p. m.
Rogelio Demarchi
Para celebrar el movimiento y la ruptura
El poeta suizo-francés Blaise Cendrars.

En 1913, en pleno furor vanguardista, el aventurero, pianista y poeta suizo-francés Blaise Cendrars (1887-1961) publicó un poema de dos metros de altura –con ilustraciones de la pintora y diseñadora fauvista Sonia Delaunay–, al que calificó de cubista. Cien años más tarde, ese texto vuelve con el concepto del libro-álbum o libro-objeto, en una prestigiosa colección que suele encasillarse como “lecturas infantiles”.

Estamos hablando de La prosa del transiberiano y de la pequeña Juana de Francia, y de "Los especiales de a la orilla del viento", de Fondo de Cultura Económica. Y si su ingreso a la Argentina se produjo recién hace un par de meses y no el año pasado, como correspondía, es porque llega importado desde México y hubo problemas de aduana.

Las ilustraciones de Javier Zabala y el diseño de León Muñoz Santini están a tono con la propuesta estética de Cendrars: las páginas no están cosidas sino plegadas (“encuadernado de acordeón”, suele ser la definición técnica), de modo que se pueden estirar sobre el piso, por ejemplo, para leer y ver caminando y desde arriba; y el formato es grande, 23 por 31 centímetros.

El poeta recuerda aquí sus “tiempos malos”: los días en que su poesía quedaba inconclusa, durante su ardiente adolescencia, y una estadía en Moscú. En ese marco, aparece el tren que “partía todos los viernes por la mañana” y trasladaba, por ejemplo, “a mujeres de entrepiernas en alquiler que también podían servir / de ataúdes”. En ese tren, que no es otro que el Transiberiano, viaja el joven poeta, que cree “jugar a los bandidos”, y la deslumbrante Juana.

A esa Juana, el poeta le escribirá este poema “en una noche triste”, espejo o símbolo de lo vivido durante el viaje porque, a medida que el tren se interna en la Siberia, entre lo poco que se observa, se destaca “el cascabel de la locura que tintinea como un último deseo en el aire azulado”.

Este poema de Cendrars se podría usar como ejemplo para dos cosas que se suele marcar en los textos de las vanguardias. Una, que expresa abiertamente su juicio sobre las nuevas tecnologías de la época: los trenes son calificados como “juguetes diabólicos” y se habla de la vía férrea como “una nueva geometría”; y también hay una mención al naufragio del Titanic, lo que da pie para que el poeta confiese su miedo y que ha olvidado asegurarse “contra los accidentes de tren”. Y dos, las menciones de o las referencias a otros miembros de las vanguardias, es decir a los amigos: aquí aparecen, entre otros, Chagall y Apollinaire cuando piensa, casualmente, cómo podría conjurar ese miedo.

Un homenaje a todo lujo, entonces, a uno de esos textos considerados “rupturistas” de comienzos del siglo pasado.

La prosa del transiberiano y de la pequeña Juana de FranciaBlaise CendrarsFCE78 páginas$ 620