Mempo Giardinelli y el equilibrio imposible
Un diálogo con el escritor chaqueño, a propósito de la reedición de una de sus más célebres novelas.
Buenos Aires. La reedición de la novela Imposible equilibrio, de Mempo Giardinelli, vuelve a hacer visible parte del universo literario del escritor chaqueño, marcado por una geografía desmesurada y situaciones insólitas donde lo inverosímil suena real.En este libro, publicado por Edhasa, surge la idea de importar hipopótamos para salvaguardar el ecosistema en peligro, una decisión que divide a las fuerzas vivas de la ciudad e involucra a las autoridades provinciales y de la nación. La llegada de los animales disparará la acción, la sátira y también la reflexión, condensada en charlas interminables en el Bar La Estrella.Premio Rómulo Gallegos en 1993 por su novela Santo Oficio de la Memoria, Mempo Giardinelli ha escrito también La revolución en bicicleta, Luna caliente, Final de novela en Patagonia y Visitas después de hora; varios libros de cuentos, entre ellos Soñario, y ensayos como Volver a leer.- Ese Chaco literario inventado por vos, no es muy diferente al Chaco cuya geografía y particularidades se dibujan en la historia ¿Una especie de Macondo autóctono?- No lo sé, y además no podría afirmar eso sin parecer presumido. En caso, es verdad que desde hace más de treinta años vengo escribiendo un Chaco literario, que no se ajusta con exactitud al Chaco "real", pero tampoco deja de serlo. Desde mi primera novela, La revolución en bicicleta, fui consciente de que no quería crear un territorio mítico como habían hecho los maestros del Boom, inigualablemente, pero sí podía, por derecho propio y por experimento literario, reinventar mi tierra de manera que fuese escenario natural de mis ficciones. Algunos años después, ese Chaco reapareció en algunos de mis textos, quizás sublimado por el exilio y la distancia, pero siempre del modo más natural. Porque uno escribe, en esencia, lo que ha leído pero también lo que ha visto y ha vivido.- Desde otra perspectiva, la idea de un lugar remoto que se rige por sus reglas se confronta con una matriz nacional que impone las suyas incluso en los parajes más olvidados ¿Quisiste subrayar esto?- Bueno, eso es relativo, porque para los que vivimos acá, el Chaco no es un lugar remoto; es simplemente nuestro lugar. Yo no he querido subrayar nada de eso, porque tampoco me siento ni me interesa ser un escritor "regional" o "del interior". Y tampoco estoy seguro de que exista una matriz nacional, a menos que pensemos que la matriz literaria porteña lo es... Aunque para mí, en rigor, ésa es sólo una matriz municipal.Buenos Aires también tiene parajes olvidados, características, reglas propias y su folklore peculiar. De hecho así lo muestra su vasta literatura, aunque a nosotros, los argentinos de otras ciudades, Buenos Aires ya no nos impone nada. Si en alguna época de la Argentina se escribió mirando hacia el obelisco, hoy ya no es así. Al menos en literatura, y gracias a las comunicaciones modernas, la influencia estética porteña ya no es tan determinante y para nosotros también Buenos Aires puede resultar muchas veces exótica, remota y hasta asombrosa.- Esa naturaleza agredida, que dispara el hilo conductor de la trama, y el clima asfixiante del lugar ¿no resulta más un personaje que un telón de fondo?- Ah sí, claro, eso sí. De hecho en esta novela la naturaleza deviene personaje, pero no por "mostrar" nada sino porque así lo exige la trama. No sé si Imposible equilibrio es una novela ambientalista, ni fue mi intención, pero a medida que la trama crece y la peripecia avanza parece evidente que se constituye en otro de los centros del relato, ¿no? Aunque tampoco estoy tan seguro ni me parece tan importante. Yo hago literatura, no paisajismo. Y literatura es lo que le pasa a los personajes en ese contexto.- El libro, publicado en la década de los 90, no sólo muestra la falta de una conciencia ecológica sino también los estragos del liberalismo ¿Tuviste esa intención o la realidad emergió por su propio peso?-Surgió naturalmente, a medida que avanzaba la historia. Al empezar la escritura, yo sólo me sentía exhausto después de ocho años de trabajar "Santo Oficio de la Memoria". Entonces quise escribir un texto más ligero, con algo de humor, y sí tuve la intención de parodiar ciertos aspectos del menemismo y algunas conductas estúpidas del poder. Pero no escribí esta novela pensando en ideologías ni en los estragos que produce la voracidad capitalista. Celebro, desde luego, que los lectores lo descubran, y algunos hasta lo disfruten, pero hoy pienso que es el tiempo, nomás, el que lo subrayó.- En los personajes principales -salvo el caso de Clelia Riganti que actúa como un contrapunto- el tema generacional remite a la década del 60 y del 70. Es como estirar la tensión entre lo viejo y lo nuevoˆ Y de vuelta ¿por qué la literatura aparece como salvataje de la realidad?- Ah, me encantaría responder bien esta pregunta, pero sólo se me ocurre recordar que la literatura no es que sea salvataje de la realidad, sino que es una realidad diferente, es otra realidad. Uno puede tomar elementos de época, geográficos, ideológicos, etarios, culturales en el más vasto sentido. Pero lo que un texto dibuja, y sobre todo si está escrito con calidad y maestría, que es lo que buscamos, no es otra cosa que el borrador de un universo. Creamos módicos universos infinitesimales desde el universo que habitamos. Esa idea me gusta y me serena casi religiosamente, desde ya, porque para mí escribir es también un acto de fe.- La idea de importar hipopótamos no parece tan desmesurada en el contexto de lo que se cuenta. ¿A alguien se le ocurrió de verdad?- No recuerdo cómo ni a quién se le ocurrió, pero seguramente fue en el Bar La Estrella cuando alguna de las tantas inundaciones que padecimos. Y aunque el asunto no me pareció serio -no lo era- evidentemente la idea me siguió rondando. Y un día le pregunté a un amigo, ingeniero hidráulico, y después a otro, veterinario, y así se fue perfilando esta idea disparatada... Pero lo más curioso no fue eso, sino que años después -y no sé si mi novela tuvo algo que ver- en Colombia un jefe narco importó en efecto hipopótamos y otros animales de África, que hoy andarán pastando en alguna selva colombiana. De donde podríamos inferir que la literatura, una vez más, prefigura la realidad y la historia, ¿verdad? Como siempre lo ha hecho.

