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Intriga en la sala de arriba

En el museo Genaro Pérez, Dolores Esteve envuelve al espectador en un “espacio de extrañamiento”. Así define la propia artista lo que sucede en su muestra “El contenido limitado del mundo”.

13 de febrero de 2014 a las 01:08 p. m.
Verónica Molas
Intriga en la sala de arriba
La obra de Esteve propone una experiencia muy física.

“Mi idea era que el visitante se aventure en una especie de multisala-tren fantasma en donde será, de alguna forma, ‘víctima’ de sus expectativas: todo es sugerencia, misterio, promesa, y el visitante se encontrará defraudado, abandonado o sermoneado. En el mejor de los casos, quizá se pregunte qué era lo que estaba esperando que suceda, qué había venido a buscar al museo y por qué lo que allí encuentra debería satisfacer esas expectativas”.

Quien habla es Dolores Esteve, autora de El contenido limitado del mundo, una obra que presenta en varias de las salas del primer piso del museo Genaro Pérez (avenida General Paz 33) hasta mediados de marzo. Cómo saber lo que cada espectador ha sentido en este laberinto encantador, elegante y algo retro que succiona a cada paso.

¿Se trata de una instalación o varias instalaciones? ¿Escenas de un filme? ¿Qué une las partes? "Mujer Bella en Peligro", "Y nunca sucedió", "Evil Tecno" y "Al final todos mueren" son las estaciones por las que conduce la artista en El contenido limitado del mundo. Dolores pensó en un video instalación que se pudiera recorrer. "Que las piezas de video estuvieran conectadas entre sí en un mismo contenedor escenográfico surgió a partir de la disponibilidad espacial", comenta. "Fui convocada y se me asignaron estas salas, que tienen un carácter arquitectónico muy marcado, con algunos intersticios, a mi modo de ver, un poco invasivos para la lectura de la obra. Entonces, podría decir que se trata de una instalación site specific (sitio específico). La idea del recorrido es bien patente a través de elementos como las flechitas luminosas que sugieren un camino u otro".

“Espectacular”, como el cine

¿Le interesa la relación con el cine? (la pregunta es adrede, sabiendo que el cine es parte de su formación). “La impronta cinematográfica que tiene la instalación, tanto en su escenificación como en el uso del lenguaje, de las referencias visuales o del recurso del subtitulado, responde a esta necesidad de ubicarse en el rango ‘espectacular’ del cine comercial al que estamos tan acostumbrados”, dice Dolores.

La artista realza este objetivo “espectacular” en cada tramo: “Cada una de las piezas, y el recorrido mismo, dispara en nosotros miles de déjà vu, y entonces sabemos más o menos qué esperar, o cómo completar la información que falta con todo el acervo audiovisual que tenemos. Con suerte, nos volveríamos conscientes de que carteles luminosos, cortinados exuberantes y las bellas imágenes nos engañan fácilmente, prometiéndonos ‘algo’ que nos distraiga de lo cotidiano”.

El conjunto impone una sensación de “blanco y negro” (¿alusión al cine en su época de oro?), aunque haya otros tonos como el azul y el rojo. “La presencia del negro en algunos de los elementos de la instalación (los cortinados, la marquesina, el mobiliario) responde a cierta comodidad que me transmite este tono”, explica Dolores. El negro ha sido clave en sus últimas piezas. “Siento que es neutral o sobrio. Algo así como básico y que por ello no distrae la lectura de la obra. En este caso, además, se buscaba generar oscuridad, que es un elemento importante en la experiencia de lo cinematográfico o lo espectacular: el entorno está a oscuras y es el objeto espectacular el que brilla (la proyección, la escena)”.

El uso de otros colores (la sala azul de “Y nunca sucedió” o el pasaje circular en tonos rojos), advierte, “es de carácter efectista también”. La intención es siempre la misma: “Una puesta en escena, lo que se sale de la experiencia normal y cotidiana, el extrañamiento necesario para captar la atención del visitante-espectador”.

La experiencia del recorrido es muy física, sobre todo cuando un sobrecogedor telón se impone en el espacio. Es una extraña sensación, entre opresión y placer, un exceso que a la vez eleva.

Perfil

Dolores Esteve vive y trabaja en Córdoba. Estudió en el Departamento de Cine y TV de la Universidad Nacional de Córdoba y trabaja como fotógrafa freelance desde 2003. Su obra transita la fotografía, instalación, video y performance. Participó en muestras colectivas e individuales en el país y en el extranjero. Su obra forma parte de las colecciones del museo Caraffa y del museo Genaro Pérez. http://doloresesteve.tumblr.com/