Geniales e intuitivos
“Los Beatles como músicos”, un riguroso ensayo a cargo del musicólogo Walter Everett, analiza de forma exhaustiva la forma de componer del cuarteto de Liverpool.
Enumerar las razones por las cuales los Beatles fueron tan importantes para la cultura popular podría llevar un buen tiempo. Pero el ejercicio serviría para comprender que estamos frente a una influencia en múltiples direcciones, una zona cero cuyo sendero más importante es la música, desde luego. El grupo oriundo de Liverpool creó algunas de las canciones más importantes de la historia, por su belleza pero también por su riesgo formal, si tenemos en cuenta su fecha de composición, la década de 1960, cuando el rock recién comenzaba a despuntar y sus límites todavía eran muy estrechos.
El musicólogo Walter Everett dedicó varios años de su vida a estudiar la forma de componer de los Beatles, tras lo cual escribió un ensayo monumental dividido en dos partes. El primer tomo aborda desde The Quarrymen (algo así como unos proto-Beatles) hasta el disco Rubber Soul, mientras que el segundo (probablemente el más rico e interesante) se concentra en el período que va desde Revolver hasta The Beatles Anthology. Esta segunda parte acaba de ser editada al castellano, con traducción de Mónica Herrero, como parte de la colección de música que edita el sello Eterna Cadencia y dirige el crítico Diego Fischerman.
Los Beatles como músicos es un complemento ideal para otros libros sobre el grupo inglés, como el divertido y muy completo Revolution in the Head, en el que Ian MacDonald desmenuza una por una las canciones de la banda, o El sonido de los Beatles, escrito por el ingeniero de sonido Geoff Emerick y editado en nuestro país el año pasado por la editorial española Indicios. La obra de Everett ofrece un cimiento sobre los otros trabajos, ya que se dedica a abordar el fenómeno desde una perspectiva compositiva y, a partir de ese punto, establecer una especie de canon para detectar influencias de otros autores o estilos.
El abordaje de Everett es académico, de modo que son necesarios al menos conocimientos rudimentarios de teoría musical para comprender cabalmente su estudio. De todas formas, algunos conceptos generales son muy claros y útiles para entender mejor a los Beatles como grupo histórico. Por ejemplo, las formas de escribir canciones por parte de John Lennon y Paul McCartney, casi opuestas pero necesariamente complementarias. Mientras que Lennon presentaba una mayor sensibilidad artística (de forma inconsciente), sin atender demasiado a las expectativas del público, McCartney entendía a las canciones como un medio para entretener.
"No es que la música de McCartney no tenga importancia, pero sus declaraciones de esperanza para el mundo –tales como su deseo de un mayor y más humilde respeto hacia el ambiente natural y el reino animal– dan a menudo la impresión de ser demostraciones públicas exageradas, y rara vez tienen el sutil pero vital impacto de, por ejemplo, Blackbird (de 1968), su simple y elegante apoteosis de la lucha por los derechos civiles", escribe el autor.
Uno de los puntos más interesantes de Los Beatles como músicos quizá sea la idea de que los integrantes de la banda no eran músicos formales: ninguno tenía estudios universitarios en la disciplina, pero sí sabían qué cosas buscaban generar a partir de su música. Y lo hacían alimentándose de fuentes muy diversas, desde el rock and roll primitivo de artistas como Carl Perkins o Little Richard hasta los espectáculos teatrales de music hall.
El manejo del lenguaje musical por parte de los Beatles era más intuitivo que técnico, por eso muchas de sus canciones presentan una frescura que sobrevive. Esto último también es mérito del productor George Martin, quien sí tenía estudios formales en música, pero en los años que duró la banda la química central siempre se produjo una vez que Ringo Starr marcaba los cuatro compases con sus baquetas y se sumaban los otros tres.
Los Beatles como músicosWalter EverettEterna Cadencia (2013)576 páginas

