Francisco Cataldi: Uno se banca cualquier cosa en Buenos Aires porque se fogueó acá
El cordobés Francisco Cataldi trabajó en la serie televisiva La Purga y es el protagonista de la película Pies en la tierra, la ópera prima de Mario Pedernera que volverá a las salas Incaa de la Ciudad de las Artes en septiembre. Interpretó a un hombre en silla de ruedas y ganó el premio a mejor actor en el Festival de Mar del Plata.
Francisco Cataldi estaba en Córdoba hace unos días. Paseaba por la peatonal junto a un amigo. Su plan de estadía era hasta el martes, pero, bueno, "estos son los riesgos de salir a tomar una cerveza con un amigo". El cordobés, ganador del premio al mejor actor en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata por su desempeño en Pies en la tierra, vive hace siete años en Buenos Aires, aunque vuelve regularmente por cuestiones de trabajo. Ahora, por ejemplo, vino al estreno de la película de Mario Pedernera, un filme en el que interpreta a un pescador artesanal entrerriano que debe movilizarse en silla de ruedas. "De Buenos Aires se dice que es un monstruo y que asusta bastante… pero uno se puede bancar cualquier cosa en Buenos Aires porque se fogueó acá", reflexiona mientras busca una mesa en un bar.
–¿Cuál es tu impresión sobre la producción audiovisual en el interior? ¿Qué quedó del momento en que se produjeron series como “La purga”, que vos protagonizaste?
–Te digo la impresión que tuve en el momento en que salieron las series (me tocó actuar en La purga), y que es lo mismo que pienso ahora: mientras no haya una industria consolidada, no se pueden hacer muchas cosas. Aquello fue como que reventaron una piñata y sacamos algo de adentro. El hecho de que se hicieran un par de series importantes en Córdoba, que fue muy bueno y no reniego de lo que pasó, no daba la pauta de que iba a ser así el otro año, y el otro año, y el otro año. Por ahí, cuando estábamos con algunos compañeros actores en Córdoba, y estábamos grabando series, nos ilusionábamos con que estaba empezando algo que iba a tener continuidad. Pero desde afuera se veía que en ese momento le tocaba a Córdoba y nada permitía decir que siempre le tocaría, o que le iba a volver a tocar. Fue algo pasajero, y yo no digo que no vuelva a pasar, pero me da la sensación de que no es tan fácil el tema.
–¿Y con el cine qué sucede?
–Creo que el cine se defiende mejor por sí solo. Si bien todo pasa por el Incaa y todo es allá en Buenos Aires, llegar a presentar un proyecto me parece que es menos azaroso que lo de las series. Hay muchos proyectos para hacer cine acá en Córdoba y de vez en cuando se dan, se filman, más allá de las tres películas que en algún momento salieron juntas: El invierno de los raros, Hipólito y De Caravana. Más allá de eso, algo pasa en Córdoba, muy positivo. Cada tanto se hace.
–¿Cuánto tiempo pasaste trabajando el personaje de “Pies en la tierra”?
–Con el personaje estuve trabajando dos meses y pico. Viajé a Entre Ríos, a Gualeguaychú, cuando el director se fue a buscar las locaciones para filmar. Yo también fui para buscar mi personaje. Los acompañé, quería ver qué podía generar con eso, y quería ganar tiempo, porque en ese momento, era 2010, parecía que el rodaje era inminente. Después se retrasó, pero el proceso me sirvió mucho. Me fui con un grabador de voz a charlar con pescadores, con gente. Hablé con algunos en silla de ruedas, con otros que no. Quise registrar la tonada, el ritmo de habla, para tratar de reproducirlo yo también. El personaje era un pescador artesanal, paralítico y entrerriano: el desafío era muy grande, me asustó un poquito la idea al principio. Pero bueno, estuve dos meses y medio allá… después la película se suspendió por un tiempo.
–¿Qué anécdota recordás de ese período de preparación?
–Allá conocí a Oscar, un entrerriano que está en silla de ruedas, con la dificultad, además, de que no tiene fuerza en los brazos, o sea que necesita asistencia constante para moverse. Y estábamos tomando mate, en el porche de su casita, con su mamá. Y charlábamos. En ese momento Oscar tenía 50 años. A los 29 había perdido, en un accidente, la posibilidad de caminar. Chocó en una camioneta. Y él me decía: “Yo a veces me quedo en la silla, me quedo en el porche, e imagino el momento del accidente. Voy en la camioneta, pero en esa curva en vez de chocar nuevamente, imagino que doblo bien. Que no hay ningún accidente. Y que la camioneta sigue, y que mi vida sigue. Entonces empiezo a recordar lugares que caminé y que hace rato no visito. Y cuando me quiero dar cuenta, le gané siete, ocho minutos a la silla”. Cuando me lo contaba, con la mirada perdida, profunda y lejanamente, yo también perdía la mirada. Eso me sirvió mucho a mí, porque hay muchas cosas que parecen que están quietas cuando uno está en una silla de ruedas pero adentro hay un mundo impresionante en movimiento. Ese tipo de experiencias me sirvieron un montón para mi trabajo.
–¿Fue un trabajo especial para vos, o sólo un trabajo más como actor?
–No podría decir que fue un laburo más. No siempre se tiene la posibilidad de hacer cine, en primer lugar, ni de hacer esta clase de películas. Este personaje me dio la posibilidad de enterarme básicamente qué posibilidades tenía yo adentro mío. Yo no sabía que podía hacer esto, hasta que me tocó y tuve que hacerlo. El director fue muy generoso conmigo, me ofreció un protagónico en su ópera prima y eso me puso contento en los primeros 30 segundos, pero después me asusté bastante por el desafío. Pero no hay nada que con trabajo no se pueda lograr. Encima, después, pasa lo del premio en Mar del Plata, que nunca en mi vida me había pasado… fue muy lindo. No creo que sea fácil que me vuelva a pasar algo así, de llegar con la película, que viene como un barco grandote cuya construcción lleva mucha sangre, mucho esfuerzo y mucho amor, y la ponés en el agua… y flota. Por eso, no fue un laburo más: me abrió una puerta muy honda adentro mío y creo que es lo mejor que he hecho hasta ahora.

