El último fantasma
No te pierdas esta gema de la columna "Por favor rebobinar", de José Heinz. La historia del jugador de Pac Man más célebre del mundo.
Es probable que muchos de nosotros nos hayamos retrasado con alguna tarea del trabajo el viernes 21 de mayo de 2010. Fue la mañana en que abrimos Google y, en lugar de su logo, nos encontramos con un Pac-Man que podíamos manejar con el teclado, homenaje por los 30 años del videojuego. Según se difundió unos días después, cada persona que ingresó al buscador en aquella fecha permaneció un promedio de 36 segundos más en la página, lo cual se tradujo – siempre de acuerdo a esas divertidas y apocalípticas estadísticas– en horas y horas de productividad desperdiciada en todo el mundo por culpa de andar esquivando fantasmitas.De cualquier manera, ese rato de distensión no se compara con las seis horas que permaneció frente a una pantalla Billy Mitchell para obtener el récord mundial de Pac-Man. Su hazaña tuvo lugar el 3 de julio de 1999, en una convención de videojuegos realizada en New Hampshire, al noreste de los Estados Unidos. Allí, Mitchell logró una marca de 3.333.360 puntos de la única forma que es posible de alcanzarla: consiguió todos y cada uno de los puntos de todos y cada uno de los 255 niveles que posee el juego. Y lo hizo con una sola vida.Por aquel entonces, Mitchell (un clase 65 oriundo de Massachusetts) no era un desconocido en el mundo gammer. Había pasado buena parte de su adolescencia en Florida, donde se sintió atraído por las máquinas de pinball primero y los arcades después. Corría la década de 1980, la que varios especialistas todavía llaman "La Era Dorada" de los videojuegos, porque en un lapso relativamente breve aparecieron títulos hoy clásicos, como Space Invaders, Galaga, Mario Bros, Paperboy y Pac- Man, entre varios otros. Las imágenes y conceptos de estos juegos fueron rápidamente asimilados por la cultura pop, y sus máximos referentes (ya no los "autores" de la plataforma – los programadores–, sino los jugadores más experimentados) eran admirados y se llevaban toda la atención. "Teníamos hasta groupies, era increíble", recordaba Mitchell, quien pertenecía a ese selecto grupo de mejores jugadores gracias a su destreza con las palancas. En 1982 ya había obtenido su primer récord mundial en el Donkey Kong. Fue el primero de varios logros que lo esperaban.Mitchell no dudaba en compararse con estrellas de rock. "Me trajo más atención mediática de lo que hubiera podido imaginar –confiesa en un documental–. Cuando caminaba por algún lugar y alguien me decía 'Ey, Pac-Man', yo respondía 'Es Mr. Pac-Man para vos'".Técnicamente, existe el nivel 266 en el videojuego, conocido por los expertos como la pantalla partida o asesina. Se trata de un error de programación, ya que el contador de niveles está almacenado en un byte que llega hasta 255 (el mayor número posible de expresar con ocho cifras dentro del sistema binario). De esa forma, al pasar el último nivel "oficial", aparece uno nuevo que presenta una mitad de la pantalla correcta y otra repleta de caracteres en lugar de gráficos. Según los entendidos, es imposible de completar.También es uno de los grandes desvelos de Mitchell. Unos meses después de haber obtenido su récord, en noviembre de 1999, ofreció una recompensa de 100 mil dólares para quien lograra vencer a ese maldito nivel 256: el último fantasma que todavía lo persigue.

