Temas del día:

El monstruo de papel

La periodista argentina Mónica Maristain fue la última en entrevistar a Roberto Bolaño. Diez años después, publica "El hijo de Míster playa", una emotiva semblanza del escritor chileno, a partir del tstimonio de sus amantes y amigos.

12 de julio de 2013 a las 12:54 p. m.
Emanuel Rodríguez
El monstruo de papel
Mónica Maristain entrevistó a Roberto Bolaño días antes de su muerte, y ahora publicó una semblanza biográfica.

“Monstruo de papel/ No sé contra quien voy/ ¿O es que acaso hay alguien mas aquí?”, dice el estribillo de la última canción que Roberto Bolaño decidió escuchar, justo antes de dejar su casa para internarse en el hospital donde iba a morir. Unos días antes había tenido una conversación con la periodista argentina Mónica Maristain. “¿Por qué le gusta llevar siempre la contraria?”, le preguntó ella. “Yo nunca llevo la contraria”, respondió Bolaño.

Mónica Maristain tuvo el extraño privilegio de ser la última periodista en entrevistarlo. Su extensa y divertida conversación (Bolaño le había propuesto que fuera "ligera, levísima, frívola incluso") con el escritor chileno fue publicada en la edición mejicana de Playboy en la misma semana de la muerte del autor de Los detectives salvajes. Después, trabajó en los documentales sobre Bolaño que dirigió Roberto House (La batalla futura I y II) y ahora caba de publicar en México El hijo de Míster Playa, una semblanza que incluye testimonios de algunas de las mujeres que fueron pareja de Bolaño, principalmente su última novia Carmen Pérez de Vega, de escritores, editores y críticos como Rodrigo Fresán, Jorge Volpi, Junot Díaz, Ignacio Echeverría y Jorge Herralde.

Maristain es argentina y vive en México. Atiende el teléfono con cierta condescendencia propia de alguien que sabe algo del futuro inmediato. Por ejemplo, el motivo del llamado. Es julio, es 2013. Son 10 años. Obviamente medio mundo la llama por lo mismo.

-¿Cómo nació “El hijo de Míster Playa”?

-Como la mayoría de los libros, éste se presentó solo en la vida. Trabajé en La batalla futura I y II,  y cuando me quise dar cuenta, tenía un montón de testimonios en torno de Bolaño y el libro medio que nació solo. No fue un libro fácil de hacer, para nada, muchas veces me pregunté qué estaba haciendo, pero finalmente estoy muy contenta con el resultado.

-¿Qué cambios hubo entre el plan original y el resultado final?

-Yo lo que quería hacer en un principio era un poco el libro que salió al final. Lo que pasa es que cuando me contactó Martín Solares, el escritor y editor mejicano, él quería una precisión biográfica… y yo carezco de la técnica, la paciencia, las ganas para hacer una biografía. Y por otro lado me encontré con la dificultad de la actitud de la ex esposa de Bolaño (Carolina López, madre de Lautaro y Alexandra, los hijos de Roberto), que intenta borrar de su biografía a la última mujer del escritor. Es un caso medio complicado, porque tuve entrevistas con Carmen, la verdadera última mujer de Bolaño, y perdí el testimonio de Carolina. Entonces, la biografía pierde rigor, porque se trata de una mujer muy importante en la vida de Bolaño, estuvo casada con él muchos años. Así que en ese aspecto, tuve que renunciar a lo estrictamente biográfico. Yo pude conocer muy poquito a Bolaño, y no personalmente, sino por cartas, por llamadas telefónicas, y siempre me resultó un tipo extraordinario. Entonces la pregunta mía era si realmente él era así, tal como parecía. Y recurrí a sus amigos verdaderos, a la gente que compartió con él gran parte de su vida, y descubrí que realmente fue una persona extraordinaria. Fue muy lindo, y creo que con todas las cosas que faltan y todo, la semblanza refleja eso. Es un primer libro sobre un hombre muerto hace muy poco, y muerto muy joven. Así que supongo que en algún momento alguien hará una biografía mucho más rigurosa.

-Más allá de la renuencia de la esposa, ¿hubo más dificultades? ¿Todos los entrevistados aceptaron?

-Sí, sobre todo porque era la gente que yo elegí. Hay mucha que, por otra parte, yo prefería que no participara. No me importó, digamos. No fui a ver a Enrique Vila-Matas, no fui a ver a Javier Cercas, no fui a ver a Juan Villoro, a pesar de que con él tengo una relación cordial y lo conozco desde hace un tiempo. Entendí que ya había hablado mucho de Roberto y sentí que no agregaba mucho, y que con citar algunas de sus declaraciones estaba cubierto. Para mí fue mucho más importante la gente común, su familia, sus novias.

-¿Se pudo hacer una idea de Bolaño como amigo, como amante, como padre?

-Es raro, porque cuando hablas de alguien siempre proyectas. Te manejas con tus propios paradigmas. Entonces para mí es muy fácil hacer versiones de Bolaño relacionadas con mi vida: soy una sudamericana que vive en México, de origen humilde, de familia trabajadora, con una deficiente formación académica, y cuando pienso en él, pienso en mí y en otra gente que conozco que vivió la misma circunstancia. Algo parecido le pasó a Ricardo House, el documentalista, que es su congénere, nacieron en el mismo año, en el mismo país. Entonces, siempre con esa salvedad, mi opinión es que sí, realmente era un tipo extraordinario, un gran amigo, una persona de gran corazón, un patán con las mujeres, pero bueno, a menudo, con las mujeres, sin ser demasiado feminista creo que los hombres en general son un poco patanes. Creo que él estaba enamorado de la idea del amor más que de alguna mujer en sí, esa cosa del eterno seductor. Un hombre amantísimo de sus hijos, y un tipo sincero. Creo que no es poca cosa decir “sincero” en un mundo como el literario, donde se vive todo el tiempo de máscaras y de poses.

-¿En qué se parecen la obra de Bolaño y su biografía?

-Yo coincido mucho con el crítico Ignacio Echevarría cuando plantea esto de que Bolaño hace un mito de su juventud. Lo cual resulta un poco peligroso para quienes viven y fueron protagonistas de ese pasado, porque tiende un poco a confundir literatura con vida. Yo siempre digo que si Bolaño se hubiera relacionado con camioneros, Los detectives salvajes hubiera sido de camioneros. Es cierto que no es poca cosa que haya formado parte de un movimiento como el infrarrealista, pero no siento que ese movimiento haya modificado o condicionado su obra literaria. Obviamente ese es un juicio personal, con el que no coinciden algunas personas, sobre todo los infrarrealistas. En ese sentido sí, la vida de Bolaño está en sus libros. Es él. Es un hombre, además, que vivió muy poco tiempo y que vivió para escribir, así que en ese aspecto, entrar en su vida es entrar en una zona un poco convencional si se quiere, él era un tipo mucho más normal de lo que se cree.

-¿Hay un lado B de “El hijo de Míster Playa”, cosas que no entraron en el libro?

-No quise enfrentarme de ninguna manera con la viuda, por respeto y cariño por Bolaño. Porque me parecía que conspiraba contra el espíritu del libro. Es un caso muy simple: un hombre que se separa de su mujer y que mantiene una relación de seis años con una pareja de toda la vida, que no pensaba morirse, que por tanto no legaliza esa situación, en términos de papeles. Y eso estaba muy claro hasta su muerte. Pero la viuda cambió su parecer y entonces empezó a hacer una especie de guerra solapada y no tan solapada destinada a borrar a Carmen de la biografía de Bolaño. Pero es un caso que no importa. Si hubiera modificado su literatura, quizás… pero no, no, es un caso irrelevante, de faldas. Creo que ese es un lado B del libro que si yo lo hubiera tratado lo hubiera hecho más grande de lo que es. Desde mi punto de vista, de hecho, no es un tema grande.

Monstruo de papel

-¿Cuál fue la anécdota sobre Bolaño que más la divirtió y  cuál la que más la entristeció?

-Sus consejos eran muy divertidos. Era un hombre muy imperativo: no fumes, no bebas, no hagas esto. Y por supuesto, su humor, muy sudamericano. Eso de aparecerse por la casa de Rodrigo Fresán y decir que había matado a un skinhead… un tipo de humor muy reconocible para nosotros, los argentinos, pero no para los chilenos que son sumamente formales. Por eso se llevan tan bien con los mejicanos. Lo más triste fue el testimonio de Carmen, de su última mujer, es lacerante. El testimonio de cuando él muere y tiene un último gesto, que siento que fue una especie de performance, de instalación: pone la canción Lucha de Gigantes, de Antonio Vega, que era su preferida, antes de ir al hospital donde finalmente murió. Y el testimonio de Carmen es muy doloroso. Y creo que cuando uno habla de Bolaño habla de la muerte, y creo que no hay cosa peor que los tanatólogos para hacernos creer que la muerte a la que estamos todos destinados es algo que hay que aceptar. Yo no la quiero aceptar. La pérdida de Bolaño es muy grande, se siente todavía, y fue muy triste. Un hombre que se muere en la flor de la edad, tenía 50 años, con todo por hacer y todo por escribir, realmente es muy, muy triste. Es un hombre que deja a sus hijos muy chicos, que padeció muchas carencias económicas y que una vez que comienza a tener cierto bienestar en ese sentido, muere. Es una tragedia, en ese sentido, la muerte de Bolaño es una tragedia. Y recuerdo que cuando dio el testimonio Carmen, los que estábamos presentes terminamos todos llorando.

Semblanzas de Bolaño

Tomadas del libro El hijo de Míster Playa, de Mónica Maristain.

“Claro que siempre andaba muerto de hambre, porque no comía un carajo y todo era cigarrito. Era parte, según yo, de una visión muy romántica que consistía en andar muy jodido todo el tiempo”, dice Paloma Díaz, pintora amiga de Roberto Bolaño.

"Todos los que conocimos a Roberto lo primero que hicimos fue buscar en la novela las partes en las que aparecíamos. Debe de haber sido muy fuerte por ejemplo para las hermanas Larrosa, que son personajes importantes en la primera parte. Sobre todo encontrarse retratado de ese modo que no se correspondía cabalmente con la realidad". Carla Rippey, artista plástica y amiga de Bolaño, en Los detectives salvajes es Catalina O'Hara.

“El Roberto que conocí es un joven de pelo largo, con una sonrisa de oreja a oreja. El que veo en esas fotos que circulan después de muerto es un Roberto mucho más melancólico, y creo que en general los amigos que tuvo aquí se volvieron más melancólicos”. José María Espinasa, ensayista mejicano, integraba un grupo rival de los infrarrealistas.

“A Roberto Bolaño, que tanto escribió sobre los escritores olvidados, supongo que le gustaría el tipo de olvido que promete tener una calle con su nombre. Le gustaría que dentro de cien o doscientos años, en esas fantasías futuristas que a él le gustaba realizar, por aquí hubiera colmados, cines, bares y que los niños, los jóvenes y los adultos dieran su dirección por caso, ‘Roberto Bolaño 25, ático segunda’ y no supieran quién coño es Roberto Bolaño, que es lo que sucede con los nombres de las calles”. Jorge Morales, poeta y narrador chileno.

“Bolaño era un peleador profesional, ya para estas alturas se habría peleado quién sabe con cuánta gente, habría hecho distancias, habría marcado, habría creado la confusión que él necesitaba, un espacio de sombra para continuar creando. Muy rápido lo convirtieron en una estatua”. Carmen Boullosa, escritora mejicana.

El hijo de Míster Playa. Una semblanza de Robeto Bolaño. Por Mónica Maristain. Almadía, México, 360 páginas.