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El arte del tiempo

Tránsitos, de Alberto Fuguet, reúne artículos, fragmentos autobiográficos, semblanzas y otros textos que el escritor chileno publicó en diversos medios, en los que revela su profundo amor por el cine y la literatura.

13 de febrero de 2014 a las 12:06 p. m.
El arte del tiempo
"Tránsitos", de Fuguet, reúne textos de temáticas muy diversas.

Alberto Fuguet tenía muchísimos textos suyos guardados en un CD. Había artículos sobre libros o películas, fragmentos autobiográficos, outtakes de alguna de sus novelas, spin offs de sus personajes, notas sobre escritores, músicos, librerías, hoteles, viajes, editores, amigos cercanos. Pensó que con todo ese material podía armar otro libro, uno bastante personal e inclasificable, pero su editorial le propuso algo menos excéntrico, digamos, más apuntado a su mercado, entonces el escritor chileno ofreció los apuntes que luego formarían Cinépata (Alfaguara, 2013). Hubiera sido una pena que su idea inicial no llegara a concretarse, así que hay que agradecer a la Universidad Diego Portales el hecho de publicar aquel resultado, que lleva por título Tránsitos, un volumen monumental seleccionado y editado por Alejandro Aliaga.

Fuguet divide aguas como pocos en la literatura latinoamericana. Lo que genera en los lectores y críticos de alguna manera los refleja como un espejo: su escritura repele a los guardianes de cierta tradición clásica, tanto en el estilo como en los temas, de la misma forma que fascina e interpela a aquellos metidos de lleno en una rara contemporaneidad, donde todo se mueve de forma veloz pero impulsado por las dudas antes que las certezas.

En varios pasajes del libro, Fuguet da cuenta de las inseguridades que sufrió al editar sus primeros libros, de la admiración que le despiertan escritores o directores alejados del canon, o relativiza otros nombres que suelen ser venerados. ¿Es Tránsitos su libro más personal? "Missing también fue muy personal, tal vez de otra manera", explica el autor y nombra la obra de no ficción (elogiada, premiada, muy comentada) que lo consagró frente a la crítica pocos años atrás. Pero esa idea de consagración no habla tanto de Fuguet como de la forma (maliciosa por parte de algunos; ideológica por parte de otros) en que se lo leyó en los últimos 25 años, cuando su nombre comenzó a colarse en las letras chilenas, un poco por efecto publicitario (promoción editorial antes que intenciones del propio autor) y otro poco por méritos literarios. En sus primeras obras (la novela Mala onda, los cuentos de Sobredosis) flotaba una evidente influencia estadounidense, pero más adelante, a partir de la experimental Por favor, rebobinar o la más popular Tinta roja, Fuguet consigue un estilo personal, profunda y devotamente cinematográfico, en el que filtra su afición por la cultura pop con las vacilaciones de una generación a la que le cuesta encontrar un lugar en su aldea, sea ésta California, Santiago o Buenos Aires.

Tránsitos permite comprender mejor algunas de las mejores páginas de Fuguet. Por ejemplo, uno de los personajes más intensos y fantasmales de Por favor, rebobinar, el rockero Josh Remsen, está inspirado en las charlas periodísticas que el chileno mantuvo con su amigo Mike Patton, líder de Faith No More, la banda que en 1991 tuvo un paso polémico por el Festival de Viña del Mar. De igual manera, el detrás de escena del perfil que escribió sobre Gustavo Escanlar para Los malditos (UDP, 2011) también revela con honestidad la relación que mantenía con el escritor y polemista uruguayo. Las lecturas de Fuguet sobre Bolaño, Vargas Llosa, Donoso e incluso sobre García Márquez (ver McOndo) también son entrañables y reveladoras.

Si los años proveen tanta experiencia como sabiduría, Tránsitos es la prueba definitiva de los poderes del tiempo en Fuguet. Diario de lecturas, ficción y autobiografía, este libro es la llave que abre y cierra su universo, una película imposible de filmar.

TránsitosAlberto FuguetUniversidad Diego Portales537 páginas2013