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Secretos de la luz

De una correcta iluminación dependen no sólo las sensaciones visuales, sino también las físicas y emotivas.

14 de mayo de 2011 a las 12:01 a. m.
Marco Mulassano (Especial)
Secretos de la luz

Cuantas veces, al ingresar a una vivienda, local u oficina, tenemos la impresión de que algo anda mal. Se percibe una sensación de ahogo, sin poder detectar si se trata de una luz demasiado fuerte o excesivamente débil...

Muchos estudios han demostrado la relación entre iluminación y condición psico-física, poniendo de relevancia una amplia gama de efectos, que la luz es capaz de producir sobre el cuerpo y el comportamiento. El pionero de los proyectos de iluminación modernos, Richard Kelly (1919-1977), en los años ‘50 del siglo pasado, diferenció tres patrones: el resultante de una iluminación general; de acento, que enfatiza y destaca; y el que surge de una luz que captura, entretiene y es información por sí sola. Un proyecto luminotécnico resulta de la combinación de estas tres funciones, en artefactos y lámparas, planificados para –literalmente– “dar a la luz” todos los efectos y las condiciones deseados.

Proyectar luces y sombras. La función del proyecto es esencialmente iluminar de forma eficaz, con un flujo luminoso adecuado, un lugar donde se desarrollan actividades puntuales. Esto significa considerar una serie de factores que concurre para lograr de manera óptima la iluminación artificial de un ambiente: tipología y potencia de la lámpara, cantidad y ubicación. También varían la reproducción cromática, la dosificación de las sombras, el contraste, el deslumbramiento, etc., variantes que deben resultar en un confort visual eficiente.

Por ambiente. Por ejemplo, en un comedor, es conveniente focalizar una luz cálida por encima de la mesa, con el fin de enfatizar texturas y colores. Es preferible que los comensales queden en la penumbra, para favorecer la comunicación.

En el estar, jugar con la sombra y la luz con contraste, desde 50 lux, por ejemplo para ver la TV, hasta 500 lux o más, para leer o destacar algún elemento decorativo.

En un dormitorio, una iluminación acogedora según las necesidades personales, puede variar desde los 50-200 lux, para efectos más sofisticados, hasta los 500 lux, para leer puntualmente. En algunos casos, es posible prescindir de la iluminación general, que sí es fundamental si hay armarios. En los vestidores, debe prevalecer un buen nivel lumínico, para apreciar colores, texturas y mirarse al espejo.

En la cocina, siempre se aconseja una iluminación funcional, con 700-1.000 lux, para la mesada. Decorativa y puntual para valorizar detalles de diseño. Muy importante es utilizar lámparas cálidas, para que la comida no tome ese aspecto azulado, típico de las lámparas bajo consumo blancas. Se puede optimizar el ambiente con luces de apoyo, como Leds embutidas, para evitar contrastes violentos con el entorno y mejorar el confort visual.

En el baño, los 500 lux en la zona del espejo son ideales para afeitarse o maquillarse. Asimismo, es posible disponer de fuentes de luz de acento por encima de cada uno de los sanitarios; Leds RGB en gargantas de luz sobre bañeras o jacuzzis; embutidos estancos de pared en la ducha, manejando niveles lumínicos bajos pero de seguro impacto visual... Y la luz se hizo.