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Luces suspendidas

El toque final. Para definir el estilo del ambiente, crear un especial dinamismo y "vestir", además de iluminar, los artefactos colgantes cobran protagonismo. Modernos, antiguos, vintage... Marcan tendencia.

02 de abril de 2011 a las 12:02 a. m.
Marco Mulassano (Especial)
Luces   suspendidas

La  iluminación bien elegida puede realmente contribuir a mejorar la calidad de vida, crear efectos escenográficos, valorizar objetos, lograr ambientes más acogedores, relajantes o funcionales... Como afirmó el distinguido arquitecto italiano Fabio Novembre: "La iluminación es  a la arquitectura como la puntuación a la escritura". Esto nos hace entender la importancia de este recurso, muchas veces subvalorado y hasta considerado como la última etapa de un proyecto arquitectónico. A tal fin y para evitar problemas futuros, es oportuno consultar a un proyectista de iluminación o "lighting designer", que no sólo proyecta según las exigencias del comitente sino que, al mismo tiempo, propone las nuevas tecnologías y tendencias.

Ideas que caen. En general, la iluminación se complementa directamente con la decoración de interiores. Plafones, apliques, lámparas de pie, de escritorio, veladores y colgantes, siguen el lenguaje formal del sector o crean una contradicción de estilo, para ocasionar un dinamismo más sofisticado y atrevido. El elemento que mayormente se utiliza para tal fin es el colgante.

En muchos casos, la buena elección de este componente decorativo tiene la capacidad de terminar de "vestir" una porción de la casa. Así se decora, se ilumina, se personaliza y se crea un área de gran impacto visual.

El mercado ofrece una variedad prácticamente infinita de diseños y materiales. Se presentan habitualmente sostenidos por cables acerados que permiten colgarlos de forma apropiada arriba de la mesa. Los difusores son generalmente de vidrio o plástico, pero no faltan los de fibra de vidrio, tela, acero, cristal, cerámico, aluminio, madera laqueada, mimbre sintético y hasta cemento.

Según la ocasión. Si el colgante es para una mesa comedor o un desayunador, habrá que considerar distintas variables: tamaño y estilo de la mesa; fuentes de luz perimetrales presentes eventualmente en cielorraso o paredes; altura del techo y colores de las paredes... El colgante  deberá estar suspendido entre los 70 y 90 cm del plano de apoyo. Si se coloca más alto y la lámpara no queda oculta se correrá el riesgo de deslumbrar al comensal.

Un aspecto sugestivo es la ambientación y la calidez que se genera alrededor y por encima de la mesa. Esto dependerá, en parte, del tipo de lámpara y del difusor. Si las lámparas son de tipo halógeno y están a la vista, por ejemplo en una araña con caireles, es oportuno y útil contar con un sistema de dimerización para bajar eventualmente el flujo luminoso, que de otra manera quedará demasiado directo. El ancho y largo de la mesa definirán las proporciones del colgante, hasta determinar si ubicar uno o más elementos suspendidos. En el estar. El living es otro sector donde es posible garantizar efectos asombrosos, generando ambientes de gran personalidad con artefactos de excelente valor estético. Aquí el reto no es tanto iluminar cuanto sorprender.

Será entonces posible admirar aquí artefactos similares a gotas de agua, otros con Leds en la extremidad y el cuerpo en fibra de carbono, arañas de acrílico con caireles de cristal... El colgante se podrá combinar eventualmente con lámparas de pie, apliques en las paredes...

Una de las últimas tendencias es utilizar el elemento colgante en el dormitorio y alumbrando precisamente la mesa de luz. En muchos casos, hasta se puede jugar con la asimetría ubicando un solo artefacto.

Luz sobre las mesasSi el colgante es para una mesa o un desayunador, habrá que considerar distintas variables... Por lo general, se suspende entre los 70 y 90 cm del plano de apoyo.

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El tamaño es otro recurso para asombrar sobre todo en techos de doble altura , sea en livings, recepciones o halls de ingresos.

Entre las últimas tendencias en colgantes, se destacan los trabajos de Ross Lovegrove para la firma italiana Artemide, un claro ejemplo del uso de la escala y su relación con el espacio. Ya se habla de verdaderas obras de arte que atrapan y emocionan. También, las propuestas del estudio Alther Lievore y Molina, para la firma española Vibia.

Los colgantes invaden los espacios y los dominan, ya sea con diseños futuristas o tipologías morfológicas más clásicas.

El lema es asombrar, convertir lugares anónimos en glamorosos y, por supuesto, apostar toda la atención posible al medio ambiente.