Temas del día:

Los neutros que no se van

La primera impresión. Ya lejos de la estridencia mejicana, las fachadas actuales exaltan su volumetría con el monocromatismo y los tonos neutros.

28 de agosto de 2010 a las 12:02 a. m.
Sara Bongiovanni
Los neutros que no se van
(Roger Berta).

En las fachadas, el color es lo que refuerza y destaca la construcción, atendiendo a las respuestas emotivas que genera en el observador.

En la elección de los tonos, se deben considerar especialmente la localización de la vivienda, su entorno, su clima; las cualidades de las formas, así como las dimensiones de las superficies, la sensación de peso visual, espacio, distancia... Diferirán las opciones, si se trata de barrios cerrados, de la playa, la montaña o la ciudad.

Conjugando con las formas contemporáneas, se imponen hoy los neutros, en sus más variados tintes. Así como los tonos intensos marcaron tendencia en la década de los ’90, el nuevo siglo apagó tanta estridencia mejicana e invitó a teñir, tanto fachadas como interiores, con colores menos osados.

Mientras más neutros e indefinidos, más acompañan a las líneas minimalistas y despojadas de la nueva arquitectura. El blanco total retorna también, ya no con timidez, sino con verdadera valentía, en logradas referencias a la imagen del primer racionalismo y en volumetrías que también aluden a la pureza de líneas y juegos de volúmenes simples, del movimiento que enalteció el siglo 20.

La principal consigna de las actuales tendencias en fachadas es el monocromatismo. Ya no se destacan molduras ni detalles, ni se remarca el ingreso... Cada vez más frecuentes, estructura y envolventes mantienen el mismo color. Sólo se permite el contraste con las aberturas o con detalles en otros materiales, como piedra, hormigón visto, madera, aluminio... No obstante, el monocromatismo se presenta también muy válido, manteniendo –aun en las aberturas– los tonos elegidos para las paredes.

Entre los neutros, se incluyen el blanco, toda la gran gama de grises y el negro. También la gama de los marrones, cremas, beiges y la variedad de tonalidades de los diversos colores del círculo cromático, todos sin saturación.

Las elecciones recaen una y otra vez en la gama de los tonos tierras o grisáceos, aun con tintes verdosos, azulados u ocres, pero con bajos niveles de definición: esos colores que invitan a discurrir, se trate de uno u otro: grises azulados, colores cementosos, el visón, matices tierras, los ocres...

Estos colores indican sobriedad, elegancia, combinando con casi cualquier otro para transmitir una sensación de armonía y dando un especial protagonismo a los juegos volumétricos y formas simples de la arquitectura actual.