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La antítesis de lo etéreo

Premio Pritzker 2011. Obra y figura de Eduardo Souto de Moura, reconocidas con el prestigioso galardón.

23 de abril de 2011 a las 12:02 a. m.
Magdalena Altieri (Especial)
La antítesis de lo etéreo

Cada año, entre fines de marzo y mediados de abril, la prensa especializada y los profesionales de la arquitectura esperamos con ansias el anuncio del Pritzker, ése que es casi como el Nobel de la Arquitectura. O en una visión más espectacularizada de la disciplina, como el Oscar del diseño y de la construcción.

Pero al galardonado de este año, esta última definición probablemente no le haga mucha gracia. Eduardo Souto de Moura (58 años, vive y trabaja en Oporto, Portugal) es la antítesis de todos los estereotipos que se han ido imponiendo en el mundillo de la arquitectura internacional en los últimos años. En principio, y como reza nuestro título, es la “antítesis de lo etéreo”, oponiéndose a las teorías idealistas que encarnan, por ejemplo, los galardonados del año pasado, el dúo japonés que conforma SANAA.

Pero también es la antítesis de los arquitectos estrella. En sus primeras declaraciones desde Lisboa, Souto de Moura expresó: “Prefiero pensar que soy un arquitecto normal, no excepcional”. Y agregó: “Los arquitectos excepcionales no van a tener mucho futuro, acabó el estrellato”.

También contra el leit motiv de la arquitectura actual se ha posicionado el portugués: la tan mentada sostenibilidad. Y no porque la considere innecesaria, sino porque para él es de por sí un requisito de la buena arquitectura, por lo cual, abogar por la sostenibilidad de un edificio sería una redundancia. “Como premiar a un edificio porque simplemente se mantiene en pie”, ha declarado incluso el recientemente galardonado.

Las razones,  del dicho al hecho. Más allá de que el nombre de Souto de Moura no esté entre los que más resuenan en el circuito mediático de la arquitectura internacional (ver apoyo), nadie pone en duda el merecimiento de este premio.

Entre los motivos que llevaron a condecorarlo, el jurado del premio internacional explica que “su arquitectura no es obvia, frívola ni pintoresca. Está imbuida de inteligencia y seriedad”. Y agregan: “Sus edificios poseen la capacidad de expresar simultáneamente cualidades paradójicas: fuerza y modestia, arrogancia y sutileza, marcada autoridad pública y un sentimiento de intimidad”.

Es que sus edificios, que ilustran esta nota, hablan por sí solos: son un elogio a la buena arquitectura, racional y concreta, a la que hace honor, como buen convencido admirador de Mies Van der Rohe que es.

Mientras estudiaba en la facultad, Souto de Moura trabajó para Álvaro Siza, el otro portugués ganador del premio Pritzker, durante cinco años. En 1980 se estableció en su propio estudio, y desde entonces ha completado más de sesenta proyectos, la mayoría de ellos en su Portugal natal, pero también en España, Italia, Alemania, Reino Unido y Suiza. Entre sus obras se encuentran muchas residencias unifamiliares, un cine, centros comerciales, hoteles, edificios de departamentos, oficinas, galerías de arte y museos, escuelas, y hasta una estación de subterráneo.

Entre sus obras más recientes, el estadio en Braga, Portugal, de 2004, fue sede del Campeonato Europeo de Fútbol. La Torre Burgo, completada en 2007 en la ciudad de Oporto, fue descripta por el jurado como “dos edificios en uno, uno vertical y otro horizontal con diferentes escalas, en diálogo entre sí, y con el paisaje urbano”.

¿Y qué desea Souto de Moura, después del Pritzker? Seguir construyendo, más y más, en su Portugal. Si esto no es antítesis de lo global...